John-Dowland

 En el enlace al vídeo que hoy os dejo podemos escuchar una de esas canciones agridulces de John Dowland, la conocida como In darkness let me dwell, perteneciente al conjunto de los tres Books of Songs of Ayres, colección escrita entre 1597 y 1603 y que abarca 87 canciones para voz y laúd. La interpretación corre a cargo de Dorothee Mields acompañada por los violistas Hille Pearl y Sirius Viols. La pieza, terriblemente melancólica, destaca por sus disonancias y por presentar una armonía inestable. John Dowland se caracterizaba por un tipo de composición denominada multidireccional que permitía a solistas y a grupos leer con gran facilidad los fragmentos, ya fuesen simples o combinados, lo que favoreció en buena medida el éxito que tuvo en vida. Excelente laudista, Dowland despertó admiración por esa melancolía que sabía imprimir a sus canciones y que provocó que el poeta Richard Banfield afirmara que “su manera celestial de tañer el laúd embriaga a la razón”.

 El siglo XVI creó una nueva época basada en la revolución científica, en la expansión del mundo y en el pensamiento grecolatino renovado que vivificó las artes plásticas, la literatura y la música, dentro de un escenario que el conflicto religioso recorrería por entero. El Renacimiento llegó al ensayo político inglés con Tomás Moro, estadista cuyo pensamiento social se plasmó en su célebre Utopía, que se vio envuelto por el conflicto religioso del siglo y que fue ejecutado por orden de Enrique VIII. En el terreno de la poesía lírica, destacó Philip Sydney (1554-1586) con un estilo italianizante cuyo máximo referente fue Astrophil and Stella. Sin embargo, el poeta que mayor eco tuvo en la música inglesa posterior fue Edmund Spenser (1552-1599) con su poema isabelino La reina de las hadas. El cambio a una iglesia nacional en Inglaterra no impidió el desarrollo de una rica polifonía y el florecimiento de una escuela madrigalista de primerísimo orden. Pero aún más importante fue el salto cualitativo y cuantitativo que el renacimiento inglés produjo en la música instrumental, sobre todo en el laúd y en el virginal. John Dowland fue el mejor laudista de su tiempo y, aparte de sus canciones para voz y laúd, transcribió para este instrumento mucha de su música vocal anteriormente escrita.

 Aún no se sabe con certeza si Dowland nació en Londres o en Dublín en 1563, ya que de sus primeros años de vida se sabe realmente poco. Parece ser que en 1580 marchó a París para trabajar al servicio del embajador inglés en la corte francesa y allí se mantuvo hasta 1587, convirtiéndose al catolicismo. Posteriormente marchó a Italia y allí se mezcló con ingleses católicos conspiradores, circunstancia por la que posteriormente tanto le costaría encontrar trabajo en Inglaterra, una de sus máximas aspiraciones. El músico trató de convencer en vano a las autoridades inglesas de que su conversión había sido del todo forzada y ello le provocó una irritabilidad que le acompañaría durante toda su vida. Tras pasar varios años en la corte del rey Christian IV de Dinamarca, Dowland regresó a Inglaterra en 1606 aunque tuvo que esperar otros seis años para obtener por fin un puesto como laudista en la corte del rey Jacobo I. Allí se resolvió como el mejor laudista del momento y su influencia a nivel internacional fue muy importante. Entre su obra, aparte de muchísimas piezas para laúd sólo, sobresalen los ya mencionados tres Books of Songs of Ayres; una serie de obras instrumentales compiladas en Lachrimae y otra en A Pilgrims Solace. John Dowland falleció en Londres el 20 de febrero de 1626. Nuestro humilde homenaje a un músico excepcional.