nacho cano el lado femenino

 Nacho Cano ha sido y es uno de los compositores más influyentes y peculiares de la música española en las últimas tres décadas. Ya como miembro de Mecano, uno de los grupos más emblemáticos de la historia del pop español, se resolvió como un superdotado para todo lo relacionado con los sintetizadores electrónicos. De esta forma, muchos de los éxitos de aquel inolvidable grupo se debieron a su buen hacer como arreglista y como compositor de los temas exclusivamente instrumentales, como Boda en Londres, ¿Dónde está el país de las hadas? o Por la cara. Las desavenencias surgidas en la relación con su propio hermano, José María, acabaron por disolver aquel mítico grupo que logró vender una cifra estimada de 25 millones de discos a lo largo de sus casi veinte años de andadura. Con posterioridad, Nacho Cano ha seguido ligado al mundo de la música de una manera polifacética, bien como compositor o arreglista, bien como editor o productor.

 En 1996, un par de años antes de que se consumase una ruptura que ya entonces parecía del todo inevitable, Nacho Cano sacó a la luz su segundo álbum en solitario, El lado femenino, un disco compuesto para narrar historias desde el punto de vista exclusivamente femenino. Para ello contó con la colaboración de varias voces femeninas, seleccionadas expresamente para la grabación de este trabajo, entre las que destacó especialmente la de Mercedes Ferrer, antigua componente del grupo La llave. Mercedes se encargó de poner la voz a dos de las canciones de aquel álbum, Planeta de los hombres, y la sensacional Vivimos siempre juntos que hoy comentamos en esta sección. Esta sensual pieza es un cántico amoroso con inconfundible atmósfera idealista y algo ensoñadora. La canción está magníficamente arreglada y es una muestra del buen hacer de Nacho Cano como compositor y arreglista.

 El tema principal, expuesto al unísono por la voz solista y el piano desde el mismo arranque, está en modo mayor y es suave, tranquilo y decididamente simple en su construcción. Pero lo que realmente le da realce es el exquisito timbre de voz de Mercedes Ferrer en una interpretación mucho más complicada de lo que a primera escucha puede parecer debido a que la ejecución requiere de un amplio registro vocal. A la tercera entrada, la frase modula a tono menor con un arriesgado salto de octava, volviendo a activarse el modo mayor tras dos acordes de transición. Y así, vuelta a empezar de nuevo. La aparente monotonía melódica se evita mediante recursos como la adición de efectos sintetizados, el silencio de la voz solista y las fugaces interrupciones del discurso melódico. Estas coloraturas, unidas a la propia textura de una melodía muy equilibrada y clara, evitan que la canción se recargue peligrosamente debido a la constante reiteración temática. Por su parte, la interpretación de Mercedes Ferrer nos parece estupenda, con un bello matiz en su timbre sonoro.

Ahí os dejo la letra:

Llenamos el caldero de risas y salero,
con trajes de caricias rellenamos el ropero.
Hicimos el aliño de sueños y de niños,
pintamos en el cielo la bandera del cariño.

Las cosas se complican,
si el afecto se limita a los momentos de pasión.

Subimos la montaña de riñas y batallas,
vencimos al orgullo sopesando las palabras.

Pasamos por los puentes de celos y de historias,
prohibimos a la mente confundirse con
memorias.

Nadamos por las olas de la inercia y la rutina,
con la ayuda del amor.
Vivimos siempre juntos, y moriremos juntos,
allá donde vayamos seguirán nuestros asuntos.
No te sueltes la mano que el viaje es infinito,
y yo cuido que el viento no despeine tu flequillo,
y llegará el momento 
que las almas se confundan en un mismo corazón.