* Nacido el 2 de junio de 1857 en Broadheath, cerca de Worcester
* Fallecido el 23 de febrero de 1934 en Worcester

 William Henry, el padre del futuro compositor, ciertamente se dedicaba a la música: Poseía una tienda de música en Worcester y los domingos tocaba el órgano en la Iglesia de St. George, pese a que era protestante. De esta manera, el pequeño Edward tuvo la oportunidad de leer música desde muy temprano y también de probar casi todos los instrumentos musicales que albergaba la tienda de su progenitor. Además, también ayudó en más de una ocasión a su padre durante las interpretaciones dominicales de órgano. Pese a todo, Elgar nunca cursó estudios académicos y fue aprendiendo el oficio de ser músico tanto en la tienda familiar como en la iglesia, en donde además se celebraba la edición anual del Festival de los Tres Coros, una semana musical en donde solistas, coros y orquestas invitadas ofrecían programas musicales de calidad más que contrastada. De manera autodidacta, Elgar empezó a manejarse muy bien con el violín y a los 16 años, luego de haber trabajado durante un año en un despacho de abogados, decidió que su futuro era la música y aceptó algunos encargos, como el de director de la banda del County Lunatic Asylum.

 Dada la relativa cercanía de Londres, Elgar solía visitar con frecuencia la metrópoli y en uno de esos viajes consiguió que Adolphe Pollitzer, el profesor de una orquesta londinense, se brindara a darle clases de violín (la modesta situación económica de la familia Elgar hacía imposible su ingreso en el conservatorio). Durante un concierto en el que un virtuoso de la época ejecutó el Concierto de Beethoven, Elgar fue consciente de que para llegar a ser un virtuoso del instrumento debería abandonar cualquier otra práctica. De esta manera, siguió tocando el violín pero decidió dedicarse a lo que realmente le satisfacía, la composición. Y así, dos de las orquestas con las que solía colaborar, una de Birmingham y otra de Worcester, interpretaron sus primeras composiciones — Sérénade Mauresque y Sevillana — con tan buen resultado que pronto fueron presentadas en Londres junto a una tercera, Salut d´amour, pieza que se convirtió en favorita de los aristocráticos públicos de salón. En 1889, Elgar contrajo matrimonio con Caroline Alice Roberts, la hija de un general del ejército británico que había estado destinado en la India. Aquella unión — socialmente inadmisible para la Inglaterra victoriana — provocó no pocas controversias; pero lo cierto fue que el matrimonio siempre funcionó a las mil maravillas. Al principio la pareja se instaló en Londres aunque pronto regresaron a Worcestershire, estableciéndose en Malvern, a escasos kilómetros de Worcester, en donde Elgar continuó impartiendo clases y tocando el violín. Los comienzos no fueron fáciles, sobre todo para Caroline Alice, acostumbrada a otro tren de vida, aunque siempre aceptó la nueva situación sin pestañear. En 1890 Elgar consigue estrenar su obertura Froissart, la mejor composición escrita por él hasta entonces. En Malvern, Elgar comprendió que si quería ganarse un nombre en el mundo musical inglés estaría obligado a componer otras obras corales destinadas a aquellos festivales anuales. Así lo hizo y en pocos años su reputación como compositor se extendió por toda Inglaterra gracias a obras como The Black Knight, King Olaf, Scenes of the Bavarian Highlands, Lux Christi y Sea Pictures, una serie de cantatas que en buena medida siguieron las pautas de quien fue el mejor asesor de Elgar en aquellos momentos, August Jaeger, representante de la casa editora Novello.

 Los éxitos se van sucediendo y con ocasión del sesenta aniversario de la entronización de la Reina Victoria, Elgar compone una Marcha Imperial, la coral The Banner of St. George y la cantata Caractacus, obras precursoras de su posterior música patriótica. Pese a todo Elgar no contaba con el beneplácito de muchos compositores ingleses — verdaderos desconocidos: Hasta entonces las dos únicas figuras de la música inglesa habían sido Purcell y el adoptado Haendel — pero sí con el de los colegas extranjeros, quienes empezaron a ver a Elgar como el gran compositor que Inglaterra estaba esperando desde hacía más de siglo y medio. Ocurrió que Hans Richter — director austrohúngaro que por entonces colaboraba con la prestigiosa Orquesta Halle de Manchester — leyó la partitura de las Variaciones Enigma en Viena y decidió dirigirla en Londres, cosechando un éxito extraordinario. Aún así, Elgar seguía creando obras corales y de esta manera surgió otra de sus obras maestras, The Dream of Gerontius, estrenada con mucha polémica en Birmingham en 1900 por Richter pero que acabó por conquistar a la crítica. Desde aquel preciso instante, Elgar se convirtió en el músico inglés más importante de la época.

 El matrimonio Elgar, ante las excelentes perspectivas con las que se presentaba el nuevo siglo, se mudó a una casa mayor en Malvern y ciertamente los pronosticados éxitos no tardaron en llegar: Tras el triunfal estreno de la obertura Cockaigne, Elgar recibió una invitación real para escribir una oda en honor a la coronación de Eduardo VII. Al poco, es nombrado doctor honoris causa en música por Cambridge y el mismísimo Richard Strauss declara su admiración por Elgar tras asistir en  Düsserldorf a una audición de las Variaciones Enigma y de The Dream of Gerontius. En 1904 Elgar fue nombrado Sir y el matrimonio se mudo nuevamente a una lujosa mansión en Hereford. Por entonces, el compositor proyectaba un oratorio de grandes dimensiones basados en textos exclusivamente bíblicos sobre la fundación de la Iglesia y que no tuvo más remedio que dividir en una trilogía formada por dos partes — The Apostles y The Kingdom — y una tercera que no llegó a escribir nunca debido a que paulatinamente se había ido apartando de la tradición coral de sus años jóvenes. A partir de entonces Elgar se fue centrando en obras orquestales y compuso sus celebérrimas y patrióticas cinco marchas de Pompa y Circunstancia, la obertura In the South, una suerte de poema sinfónico, y la excelente Introduction and Allegro, para cuarteto de cuerda solista y orquesta de cuerda, una de sus cumbres compositivas.

 En ese mismo año de 1904 un acaudalado hombre de negocios donó 10.000 libras a la Universidad de Birmingham para que creara una cátedra de música con la única condición de que Elgar la ocupara. La universidad aceptó una vez que dejó bien claro que Elgar no tendría obligación lectiva alguna, con la excepción de una serie de conferencias ofrecidas entre 1905 y 1906. Los honores no paran y Elgar es también nombrado doctor honoris causa por Oxford y Yale, además de socio de honor de la Royal Academy of Music de Londres. En los años siguientes, Elgar aborda la composición de su Primera Sinfonía (1908) y de la Segunda (1911), obras acompañadas por un Concierto para violín que compuso entre ambas tras regresar de un viaje por Italia. En 1910 escribió la música para la coronación del nuevo rey Georges V y poco después le es concedida la Orden del Mérito. Dos años después concluye la suite The Crown of India y el poema sinfónico Falstaff (Para muchos, la mejor obra de Elgar).

 Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, y a sus 57 años, Elgar se inscribió en la Policía Especial y en la Reserva de Voluntarios del barrio londinense de Hampstead, ciudad hacia donde se había trasladado. Fruto de esta época es The Spirit of England, homenaje a los caídos ingleses. Durante el transcurso de la contienda, el compositor presentó unos problemas en la garganta que le obligaron a una pequeña intervención quirúrgica. Mientras se recuperaba en el hospital, Elgar experimentó la sensación de querer apartarse un tanto de la música sinfónica para centrarse en la música de cámara. Consecuentemente, de esta época datan una Sonata para violín y piano, un Cuarteto para cuerda y un Quinteto con piano, obras que anuncian la plena madurez del compositor. En 1919 Elgar compone una verdadera joya y posiblemente una de las más bellas páginas del género, el Concierto para violoncelo, que prácticamente supone su última obra de importancia. Un año después murió su esposa y el compositor no encontró consuelo alguno. De no ser por los cuidados de su hija Carice, Elgar se habría hundido definitivamente. Elgar colocó junto al féretro todas las condecoraciones que había recibido, en un recocido gesto de expresar que todo aquello no hubiera sido posible sin la ayuda de su fiel compañera de toda la vida. Elgar apenas compuso más música y su vida transcurrió en una melancólica añoranza por el recuerdo de su mujer. En 1933 sufrió una nueva intervención quirúrgica en la que se le detectó un tumor maligno. Sus últimos días los pasó escuchando en un gramófono sus recientes obras compuestas de cámara. Finalmente, el 23 de febrero de 1934 Elgar falleció en su residencia de Worcester y fue enterrado junto a su esposa en Malvern. La London Symphony interpretó numerosas obras suyas durante los funerales.

 Pese a que Elgar aún conserva el tópico de “compositor oficial” de la optimista época victoriana y eduardiana, con las contrapuestas derivaciones que se pueden desprender por dicho título, sus obras son mucho más complejas de lo que su forma exterior sugiere y en numerosas ocasiones su música se traduce como el íntimo flujo de un hombre profundamente sensible. Como compositor autodidacta, Elgar absorbió elementos estilísticos de ciertas fuentes aunque su música se caracteriza por un extraordinario dominio del cromatismo, factor que imprime a su obra un colorido y unos giros estructurales inesperados e innovadores. Sus primeros años como profesor en distintas orquestas le sirvieron, entre otras cosas, para adquirir una extraordinaria habilidad en el arte de la orquestación, materia en la que destacó como un consumado maestro. Como compositor británico más relevante desde Purcell, Elgar terminó con la deprimente fama de que el siglo XIX había sido una centuria sin música en Inglaterra y con él se inició el glorioso renacimiento musical inglés de los últimos cien años.

OBRAS

– 2 Sinfonías
Concierto para violín
Concierto para violoncelo
Variaciones Enigma
Falstaff
Introduction and Allegro
Serenata para cuerdas
– Un número indeterminado de marchas, destacando Pompa y Circunstancia
Oberturas orquestales, destacando Cockaigne y In the South
Suites para orquesta, destacando Wand of Youth
Piezas para pequeña orquesta
– 4 Oratorios, destacando The Dream of Gerontius
– 3 Cantatas, destacando Caractacus
– Otras obras para coro y orquesta
Cuarteto de cuerda
Quinteto con piano
Sonata para violín y piano
Obras para piano solo
Canciones para una o varias voces con o sin coro
– Algunas piezas para narrador y orquesta