[Noticia de RT]

 ¡Estos chinos no paran de darnos sorpresas! Si hace relativamente poco nos encontrábamos con la insólita noticia de que un ratón colorado había logrado abrir una caja de seguridad en un banco chino, ahora tenemos el enigmático caso de una anciana quien dice llamarse Zhang Ruifang, vecina de Linlou, a la que le ha brotado una especie de protuberancia en el margen izquierdo de su frente y que, sea dicho con todos los respetos, es asombrosamente parecida a un cuerno de cabra. La mujer, con 101 años a sus espaldas, observó como el susodicho apéndice caprino le empezó a crecer hace un año, con lo que de entrada no es del todo descartable que la aparición de semejante cuerno obedezca a una curiosa celebración regional china del centenario existencial. Sea como fuere, la noticia nos parece tan extraña que no hemos dudado en incluirla en nuestra sección de LA NOTICIA CURIOSA DEL MES dentro de la categoría de ACTUALIDAD de este bar virtual de copas.

 De cualquier manera, el medio sobre el que hemos tomado la noticia no despeja algunas incógnitas que nos parecen realmente interesantes según nuestro carpetovetónico modo de entender: ¿Está casada la señora Zhang? Este dato es absolutamente relevante ya que, de confirmarse la supervivencia de su hipotético marido, todas las sospechas recaerían sobre su más que reprochable y lujuriosa conducta. Y es que, la verdad, no acertamos a entender cómo un señor de una edad que suponemos será parecida a la de la señora Zhang pueda sentir esos irrefrenables deseos concupiscentes contra una mujer ajena a su matrimonio. ¡Caray, si a los 100 años uno ya no está para esas cosas, hombre! Además, no dejamos de imaginar los chismorreos y maledicentes comentarios que la buena señora Zhang habrá tenido que soportar entre los vecinos de la aldea china, enclave donde, al parecer, las mujeres han decidido no dejar ni por un instante solos a sus maridos. Normal, teniendo en cuenta este cornudo antecedente. Pese a todo, los científicos afirman que la protuberancia no es sino un tumor benigno que suele aparecer en personas de edad avanzada, aunque no con un tamaño — y forma, añado yo — tan considerable como elocuente. Aún así, dichos científicos han eludido pronunciarse sobre la presunta relación existente entre la infidelidad conyugal y la consecuente aparición de una cornamenta en la persona sentimentalmente ultrajada. Por si no fuera poco, a la protagonista de esta enigmática historia le está empezando a brotar otro apéndice de semejantes características en el lado derecho de su ya marcada frente. El asunto, a buen seguro, va a traer cola — que, dicho sea de paso, sería ya lo único que le habría de surgir a esta infeliz anciana para terminar de enrevesar este insólito suceso. Dado el caso, las connotaciones derivadas de este episodio se habrían de tornar de sentimentales a ineludiblemente diabólicas.