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  • Nacido el 26 de septiembre de 1898 en Nueva York
  • Fallecido el 11 de julio de 1937 en Beverly Hills, California

 

 Hijo de un matrimonio ruso emigrado a los EEUU — Gershovitz era el apellido familiar — su infancia transcurre en diversos barrios neoyorquinos, como Harlem, en donde en aquellos tiempos el jazz se estaba dando a conocer. De vocación autodidacta, a los doce años se defendía admirablemente bien en el piano por lo que su padre le anima a que estudie en serio. Su primer profesor fue Charles Hambitzer que, aparte de enseñarle piano, le adiestró en teoría musical, armonía e incluso orquestación. Aunque George inició la carrera de comercio en 1914, también a instancias de su padre, no abandonó nunca la música y llegó a componer alguna cancioncilla. Además, se colocó como modesto pianista en Tin Pan Alley para sacarse unos dólares.

 En 1916 publica su primera canción y al año siguiente actúa como pianista en Broadway. El éxito de sus canciones le abre las puertas del teatro City Fox, que lo contrata como pianista, por lo que abandona el humilde establecimiento del barrio de Tin Pan Alley. La familia Harms le contrata también como compositor de canciones y en 1918 estrena en Broadway su primera comedia musical, La La Lucille, con enorme éxito. También compone un Cuarteto de cuerda que tardará treinta años en ser estrenado. Con tan sólo 21 años, Gershwin parecía lanzado al éxito. En 1919, el músico toma contacto con el show anual de los Scandals, de George White, para quién escribe numerosas canciones en un estilo que pretendía imitar al jazz. Paralelamente, estrena una mini-ópera — una duración de 25 minutos — titulada Blue Monday Blues. En 1923 ofrece un concierto en el Aeolian Hall formado por piezas de música clásica y jazz que tuvo un éxito tan extraordinario que demostró un más que probable maridaje entre ambos tipos de música. Como consecuencia, a Gershwin se le encarga escribir un concierto que precisamente mezclase el jazz con lo puramente clásico. Como el compositor estaba aún muy poco versado en lo relativo a formas musicales, escogió la arquitectura libre de la rapsodia y así, en febrero de 1924, interpreta su magistral Rhapsody in Blue en un concierto que incluía música de Schönberg y Elgar y al que asistió Stravinski. El éxito fue descomunal y el genio de Gershwin se confirmó no ya sólo en el mundo del espectáculo, sino también en el de la música clásica.

 En 1925 estrena tres revistas en tres distintos teatros de Broadway y también el sensacional Concierto para piano, una extraordinaria síntesis entre lo clásico y lo jazzístico. (Adelantemos que este aspecto fue la mayor aportación de Gershwin al mundo de la música). El compositor no se duerme en los laureles ante el magnífico éxito de este concierto y en 1926 nos ofrece Oh, Kay!, que arrasa. También, en una faceta más clásica, compone sus maravillosos Preludios. Gershwin nunca descuidó su formación musical, estudiando continuamente para perfeccionar su oficio. Sin embargo, en 1927 fracasa con Strike up the Band, una sátira con fuetes matices políticos, pero se recupera con Funny Face and Rosalie. Fue entonces cuando vio el momento de viajar a Europa y consecuentemente pone rumbo a París, donde intentó infructuosamente que Ravel, Milhaud o Prokofiev le impartiesen lecciones. (No es que no quisieran ofrecérselas, sino que comprendieron que era una empresa del todo imposible dadas las peculiaridades compositivas de Gershwin). Tuvo la oportunidad de conocer a Alban Berg, quién le animó a seguir con su original música. Fruto de aquel viaje, en 1928 estrena en Nueva York una de sus mejores y más conseguidas obras, Un Americano en París, aunque vuelve a fracasar con Treasure Girl.

 En 1930 retoca la denostada Strike up the Band y también compone Girl Crazy, constituyendo las dos sendos éxitos. Era la época de la depresión económica norteamericana y el público solía acoger muy bien la comedia y la sátira. El cine, reconvertido a sonoro en aquellos años, le tienta pero no acaba de sentirse satisfecho en ese mundo. Durante un viaje a Cuba estrena la famosa Obertura Cubana en un estadio ante más de 20.000 personas y también conoce a Joseph Schillinger, una especie de embajador artístico de la URSS, quién va a influir a partir de ese momento decisivamente en Gershwin. En 1932 se produce el estreno de Let´em Eat Cake, una sátira política que no tuvo éxito pero que contiene una de las canciones más famosas del compositor, Mine. Ese mismo año empieza a escribir los primeros números de lo que será su gran e inmortal obra maestra, Porgy and Bess.

 En 1933 compone, atendiendo a los consejos de Schillinger, las Variaciones I got Rhythm, una obra de gran interés musical. Pero Gershwin ya sólo tenía en mente el libreto de Du Bose Heyward y su propio hermano Ira habían escrito para Porgy and Bess. El compositor se lo tomó tan en serio que incluso efectuó un viaje a Carolina del Sur junto a Heyward para estudiar sobre el terreno la realidad cotidiana y folklórica de sus personajes, no resultándole nada difícil intimar con gente tan distinta de la que acostumbraba a tratar en el mundillo teatral neoyorquino. Finalmente, el 30 de septiembre de 1935 se estrena Porgy and Bess, la mayor obra maestra del compositor, supervisada enteramente por Schillinger. La obra encumbra a Gershwin como un compositor indiscutible dentro de la historia de la música. Tras el apoteósico estreno, el compositor proyecta escribir otra ópera, más música sinfónica, de cámara e incluso coral. Pero lamentablemente todo aquello se habría de cortar abruptamente. Una serie de trastornos le hicieron visitar a un médico cuyo diagnóstico fue del todo desolador: Gershwin sufría un tumor cerebral maligno. Casi sin tiempo a una desesperada reacción, Gershwin fallece imprevisiblemente el 11 de julio de 1937, en plena madurez creativa. Su muerte es un caso lamentable de interrupción artística a semejanza de otros tantos compositores como Mozart, Schubert, Mendelssohn, Pergolesi, Arriaga, Wolf o Alban Berg.

 Gershwin fue un compositor ecléctico que escribió tanto música popular como música “seria”, aunque su mayor virtud fue la extraordinaria fusión que hizo de ambas corrientes. Su música es deliciosamente fresca, chispeante y no adolece de peligrosos amaneramientos. Supo introducir con maestría en las obras más “serias” los punzantes ritmos jazzísticos y el estilo melancólico e inconfundible del blues. Pero además se resolvió como un formidable melodista, con unas pegadizas creaciones que al instante resultaban familiares para el público y que se convertían, en la mayoría de los casos, en grandes éxitos.

OBRAS

– 2 Óperas, Blue Monday/135th Street y Porgy and Bess
– 19 Musicales, destacando Lady Be Good, Funny Face y Girl Crazy
– 6 Filmes musicales
Diversa obra orquestal para piano y orquesta, destacando Rhapsody in Blue y el Concierto para piano
Un Americano en París, Obertura Cubana, Variaciones sobre I Got Rhythm
– 3 Preludios para piano
– 150 Canciones