stockhausen

 En el enlace al vídeo que hoy os dejo podemos observar una secuencia del famosísimo Helicopter String Quartet del compositor alemán Karlheinz Stockhausen, tristemente fallecido a consecuencia de un infarto en las cercanías de Colonia (Kürten-Kettenberg) el 5 de diciembre de 2007 y sobre el que ya publiqué una reseña en EL COLOR DEL CRISTAL, página de mi siempre admirado JGIbáñez. La interpretación tuvo lugar a las once horas del 18 de enero de 2009 en la sala Sinopoli del Auditorio Parco della Musica de Roma y conjuntamente sobre los cielos de la Ciudad Eterna. La obra, de difícil e inédita ejecución, es en realidad un fragmento perteneciente a la ópera Miércoles de luz (Mittwoch aus Licht) y fue compuesta en 1993. Para su interpretación, los miembros de un tradicional cuarteto de cuerdas se distribuyen uno a uno en cuatro respectivos helicópteros que sobrevuelan la sala de conciertos. Los músicos tocan sus fragmentos y la música, mezclada con el ruido de los autogiros, es reproducida mediante altavoces y vídeo-cámaras al público presente en la sala. Para la sincronización del conjunto, los ejecutantes se sirven de la ayuda de un metrónomo electrónico instalado a bordo de cada aparato. La interpretación precisa de un amplio dispositivo de cámaras y micrófonos, así como de una enorme transformación y difusión electrónica.

 Karlheinz Stockhausen es el gran maestro de los componentes espiritualistas y místicos muy acordes con el pensamiento postmoderno. Sobre este aspecto, el conocido músico y erudito español, Tomás Marco, afirma que “La música postmoderna se encuentra con que los espectáculos tienen que ser de masas y que, por tanto, serán televisivos o no serán, pues los grandes espectáculos no son ya el deporte o la televisión, sino el deporte POR televisión. La música creativa es así arrinconada en un mundo propio, relativamente cerrado, que no deja de sufrir las influencias del entorno, pues a su alrededor se ve cómo se prefieren los grandes conciertos estelares — cómo se prima la música sinfónica sobre la de cámara — y cómo nace también el interés por la ópera (tradicional). Se acentúa la prioridad absoluta del intérprete, no sólo sobre el compositor sino sobre el mismo repertorio y así no es infrecuente acudir a eventos de grandes intérpretes sin saber (Tampoco importa mucho) lo que van a ofrecer. Esto es algo que se lleva gestando durante todo el siglo XX, pero que en su último cuarto lleva a la mitomanía del divo, alentada por la industria del disco y los agentes musicales”  Sinceramente, pensamos que no puede estar más acertado en su juicio el compositor Tomás Marco.

 Stockhausen se ganó un lugar de culto gracias a su ingenio en la música y en la publicidad. Su Helicopter Quartet, que hoy comentamos, desarrolla su fascinación por la música en el espacio y le lleva a soñar con auditorios en los que el sonido llega al público desde cualquier parte. Fue, de hecho, el primer gran compositor de vanguardia que se dedicó plenamente a la música electrónica. Nacido en Mödrath — una ciudad desplazada como consecuencia de una explotación minera y de la que hoy en día tan sólo se conserva su castillo —  en 1928, su infancia y adolescencia quedaron marcadas por la muerte de sus padres durante la Segunda Guerra Mundial, período en el que Stockhausen trabajó como enfermero en un hospital militar. En 1947 inicia sus estudios musicales en Colonia, debiendo costearse los mismos tocando el piano en bares (Muchas veces acompañando el número de un mago profesional). Inicialmente influido por la música de Webern y por el serialismo, estudió con Messiaen y Milhaud en París, implicándose en el nacimiento de la música electrónica tras participar en la fundación del famoso estudio de música electrónica Westdeutscher Rundfunk de Colonia. Entre 1956 y 1958, aparte de enseñar en Darmstadt, en donde escribe una obra clave como Gesang der Jünglinge, realiza estudios de fonética, acústica y teoría de la información en la Universidad de Bonn, trabajos que influyeron notablemente en sus posteriores composiciones. Fue una figura importantísima en los cursos de verano de Darmstadt, donde John Cage — polémicas aparte — le introdujo en el campo de los procesos “de azar” de la música. En sus últimos años, Stockhausen se centró en un ambicioso proyecto de piezas de teatro musical titulado Licht: Die sieben Tage der Woche (Luz: Los siete días de la semana), un ciclo operístico en siete partes (Que no se corresponden con el orden de los días de la semana, sino así: Jueves, sábado, lunes, martes, viernes, miércoles y domingo) en las que se integran diversas obras, como este famoso Helicopter Quartet. (Pieza del domingo). Es un ciclo iniciático-simbólico sobre la creación, con San Miguel, Eva y Lucifer como protagonistas. Las piezas que conforman esta magna obra, muy alejadas de la ópera tradicional, se inician con un saludo, a veces electrónico, y concluyen con un adiós. Suelen tener voces, fragmentos instrumentales, partes corales y electrónicas. Cada día se fragmenta en piezas individuales aunque, en determinadas ocasiones, piezas independientes se insertan en el tejido teatral. Hay fragmentos, como este Helicopter Quartet (Recordemos una vez más que es un fragmento de su ópera Miércoles de luz) que difícilmente son representables en teatro al ser más aptos para el aire libre. Entre otras piezas que se pueden independizar de este proyecto destacamos Viaje de San Miguel alrededor de la tierra (Segundo acto de Jueves de luz), El sueño de Lucifer, para bajo y piano (Escena primera de Sábados de luz), Oktophonie y Weltraum (Espacio musical para ocho canales). A causa de la megalomanía de este proyecto, a Stockhausen se le llegó a comparar con Wagner, algo que estimuló y mucho al compositor. Pese a la aparente debilidad de algunos textos, la belleza del conjunto es irreprochable y demuestra el gran talento de Karlheinz Stockhausen, una de las mayores figuras musicales de la segunda mitad del siglo XX.