JohannesBrahms 

 Aprovechando una mejoría de Robert Schumann en la clínica donde se hallaba ingresado, Brahms propuso a la agotada Clara una excursión por el valle del Rin que prolongó durante diez felices e inolvidables días. Sólo Dios sabe de qué hablaron, pero desde entonces Brahms sintió un amor platónico y metafísico hacia Clara. Meses más tarde, mientras Clara se encontraba en plena gira de conciertos, recibió una carta urgente de Brahms informándole del inminente fin de su marido. El 29 de julio de 1856, Clara, Johannes y Joachim lloraban la pérdida de un gran músico y mejor persona, Robert Schumann. Tras el entierro, Brahms organizó un pequeño viaje a Suiza en el que también participó Joachim y que hizo mucho bien a la afectadísima Clara.

 Brahms pasó una temporada en Detmold, ciudad en cuya corte causó muy favorable impresión musical. En este lugar se gestó su Concierto para piano nº1, estrenado en Hannover con el propio Brahms al piano y Joachim al frente de la orquesta. No fue nada bien acogido y mucho menos en Leipzig, en donde se volvió a interpretar con posterioridad. Sin embargo, y lejos de desanimarse, Brahms supo asimilar este fracaso de manera inteligente, prometiendo que retocaría la partitura. Con 25 años cumplidos, Brahms conoció a Agathe von Siebold en Gotinga, una hermosa cantante para cuya voz compuso numerosas canciones. Se dio por hecho el noviazgo entre ambos pero Brahms regresó de nuevo a Detmold sin haberse comprometido. (Cinco años después, Brahms la dedicó su magnífico Sexteto para cuerdas en Sol mayor, uno de cuyos temas principales está compuesto por las siguientes notas: A-G-A-H-E, la-sol-la-si-mi)

 Tras pasar una tercera temporada en Detmold, Brahms regresó a Hamburgo en 1859. Pero como nadie parece ser profeta en su tierra y observando el desinterés mostrado en su ciudad natal hacia su obra, partió para Viena tres años después. Gracias otra vez a Joachim y a sus cartas de presentación — ¡Eso es un amigo! — Brahms empezó a ser musicalmente conocido en la capital del imperio, siendo sus obras muy interpretadas. Se ganó poco a poco el fervor del famoso crítico Eduard Hanslick, feroz oponente a la llamada “corriente wagneriana”, quien alagó con elogio los estrenos de las dos serenatas de Brahms. En 1863 realiza una breve visita a Hamburgo y logra convencer a su padre para que no se divorcie de su madre, muy enferma y envejecida. De vuelta a Viena, dirige la Singakademie durante un año, aunque de nuevo eligió la libertad, la ausencia de ataduras a puestos fijos en los que el músico se sentía incómodo por su espíritu independiente. Sin embargo, la separación de sus padres no pudo finalmente evitarse y Brahms tuvo que acudir a Hamburgo para arreglar las cosas e intentar que cada progenitor viviera con cierta comodidad. De nuevo en Viena — llevando consigo el manuscrito original de la Sinfonía 40 de Mozart que una princesa le había regalado — recibe la noticia de la muerte de su madre. Su Trio para trompa, violín y piano, especialmente el Adagio, es un sentido homenaje a su madre, aunque la obra donde liberó toda su tristeza por este hecho fue el Requiem Alemán.

 Con el referido Requiem, Brahms inició una etapa instrumental que a partir de ahora va a caracterizar su arte compositivo y que se cierra con el Doble Concierto. Como suele ocurrir con las obras maestras universales, el estreno de las tres primeras partes del Requiem en Viena fue un completo fracaso, aunque posteriormente en Bremen, con la obra ya completa, constituyó un gran éxito. Por esta época, a Brahms se ve afectado por un extraño e inesperado cambio de sentimientos amorosos y se queda prendado de una de las hijas de Clara, Julie, que al parecer le traía el recuerdo de su propia madre Clara en su juventud. Clara se enteró de todo y se sintió muy molesta con el compositor, quien trató en vano de ocultar este sentimiento; finalmente, Julie contrajo matrimonio y dejó a Brahms solitariamente desconsolado. La inspiración de aquel dolor de corazón llegó en forma de Rapsodia para contralto, una de las muchas joyas inolvidables de Brahms. Un par de años después, el padre de Brahms fallecía a causa de un cáncer de hígado. Brahms demostró su enorme humanidad y le prestó una cuantiosa ayuda económica a su madrastra viuda. (Por estas fechas, las obras de Brahms estaban ya siendo muy bien remuneradas). En 1873, Brahms se instala definitivamente en Viena, en el número 4 de la Karlgasse, y se hizo cargo durante tres años de la dirección de Los Amigos de la Música. En 1876, durante un viaje al Báltico y en comunión con la naturaleza, empieza a esbozar su Primera Sinfonía, una forma musical que no acometió hasta que propiamente se sintió en plena madurez creativa, a los 43 años. Con su estreno en Karlsruhe y las posteriores ejecuciones en Mannheim, Munich, Viena y Leipzig, Brahms se consagró como el mejor compositor alemán del momento y fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cambridge, honor que recogió Joachim, ya que Brahms nunca se desplazó a Inglaterra. Poco tardó en escribir la sensacional y poética Segunda Sinfonía y el no menos bello Concierto para violín, dedicado y estrenado por Joachim en Leipzig en 1879. Con 47 años, la Universidad de Breslau le concede el título de Doctor en Música, para lo cual Brahms aprovecha para componer la alegre Obertura para un Festival Académico que culmina con el conocido himno universitario Gaudeamus igitur. Como réplica y para compensar, no tardó en escribir la Obertura trágica. Por esta época, era público y notorio el aspecto desaliñado que Brahms tenía consigo mismo, incapaz de gastarse un céntimo de su dinero en beneficio propio aunque, por extraño que pueda parecer, se mostraba del todo espléndido y desinteresado cuando se trataba de ayudar a los más necesitados. También, con una capacidad económica muy superior a lo que Brahms consideraba como su básico sustento, el compositor nunca ocultó su desmesurada glotonería y su despreocupada afición a la bebida.

 Tras un breve periplo por Italia, país por el que siempre sintió una gran admiración, terminó su ensoñadora y lírica Tercera Sinfonía. A partir del verano de 1884 pasó a residir en Mürzzuschlag, un pueblo de Estiria, en donde esbozó y terminó la Cuarta Sinfonía, partitura que por poco no fue devorada por un fuego que se desató en la localidad y que destruyó muchas casas. (Nuevamente Brahms contribuyó con cuantiosas ayudas a los damnificados). Durante algunos veranos, el músico se hospedaba en Hofstetten, bellísima localidad suiza a orillas del lago Thun; allí puede decirse que culminó su obra instrumental y sinfónica con la composición del Doble concierto para violín y violoncelo en 1887, posiblemente una de sus obras más logradas. Brahms había demostrado su talento en el tratamiento de las grandes formas y decidió volver a la verdad desnuda de la intensidad expresiva con la mayor economía de medios, retornando a las pequeñas formas, a la voz solista y al piano solo.

 En este último período Brahms descubrió la mágica sonoridad de un instrumento, el clarinete, y para ello compuso dos sensacionales piezas en 1891, el Trio y el Quinteto para clarinete, esta última una de sus obras más intimistas y conmovedoras. Los años siguientes los dedicó al piano, su instrumento más querido y fiel intérprete de sus más profundos sentimientos, con unas obras exentas de virtuosismo y del todo introspectivas. En 1895 Brahms terminó sus dos sonatas para clarinete y piano y las Canciones Populares Alemanas. Al acabar el año se reunió con Clara en Frankfurt, donde se vieron por última vez. Clara fallecería el 20 de mayo de 1896 mientras que el compositor se encontraba en Bad-Ischl, por lo que apenas pudo llegar a tiempo para el entierro celebrado en Bonn. Brahms nunca se recuperó de aquel golpe y sus últimas composiciones son auténticamente sobrecogedoras, como saludando a una próxima y, quien sabe, si ya deseada muerte: Cuatro cantos serios y Once preludios corales… Desde 1897 sus días estaban contados a causa de un cáncer de hígado, la misma enfermedad de la que murió su padre. El 7 de marzo se interpretó en la Sociedad Filarmónica su Cuarta sinfonía, con asistencia del compositor que fue homenajeado por todo lo alto, obligándosele a saludar tras cada uno de sus movimientos. Finalmente, el 3 de abril de 1897 murió plácidamente en Viena.

 Aunque la música de Brahms encuentra sus raíces en el clasicismo de maestros anteriores — Mozart y Beethoven — su naturaleza expresiva y de proporciones gigantescas era en esencia romántica. Considerada la antítesis pasada y un tanto anacrónica de Wagner y Liszt, su obra ha demostrado por ella misma no sólo ser conmovedora sino también muy influyente en el posterior desarrollo de la música. Esa dicotomía entre el “clasicismo” de Brahms y la música “progresista” de Wagner, Liszt y Bruckner fue un tema clave en la historia musical del siglo XIX. Brahms recurrió a la recuperación y modificación constante de pequeños fragmentos de materia musical a medida que avanzaba la composición. Este estilo creativo allanó el camino de la música en la que cada aspecto de la composición surge de la misma unidad temática. Pero es quizás el incomparable “sonido” de su música lo que le ha asegurado un lugar de privilegio en la historia. Su música es otoñal, apasionada y romántica, a la vez que controlada, refinada y llena de melancolía. Su influencia en el desarrollo de la música del siglo XX es más que notable, como bien demostró Schoenberg. Para quien esto escribe, posiblemente Brahms sea su compositor más querido y admirado.

OBRAS

4 Sinfonías
– 2 Serenatas
– 2 Oberturas
Variaciones sobre un tema de Haydn (También en versión para dos pianos)
– 2 Conciertos para piano
Concierto para violín
Doble concierto para violín, violoncelo y orquesta
– 21 Danzas húngaras (Escritas originariamente para piano)
– 3 Sonatas para piano
Variaciones sobre un tema de Haendel
Variaciones sobre un tema de Paganini
Variaciones sobre un tema de Schumann
Valses y otras obras para piano a cuatro manos-
Baladas, rapsodias, intermezzos, etc…
– 2 Quintetos para cuerda
Quinteto para clarinete
Quinteto para piano
– 3 Cuartetos con piano
– 3 Trios para violín, violoncelo y piano
Trio para violín, trompa y piano
– 3 Sonatas para violín y piano, destacando la nº1
– 2 Sonatas para clarinete (O viola) y piano
Requiem Alemán
Rinaldo
Canto del destino
Canto de las parcas
– Canto del triunfo
Rapsodia para contralto
4 Cantos serios
Ciclos de Magelone
– 22 Grupos de canciones corales
– 28 Arreglos de canciones para coro
– 200 Canciones
– 7 Libros de canciones populares para voz y piano