Mozart_Lange

 Retrato de Mozart realizado — sin terminar — hacia 1790 por Joseph Lange: Según Kostanze Mozart, fue el dibujo más fidedigno de todos

 Ya antes de aquella fatídica entrevista del 9 de mayo, Wolfgang había abandonado la residencia del arzobispo, habiéndose instalado a vivir con los Weber en Viena, ciudad en la que Aloysia había conseguido otro estupendo contrato con la ópera de Viena. Como ella seguía ignorando al pobre Mozart, a éste no le quedó otro remedio que fijarse en su hermana Kostanze. Pronto los inevitables rumores llegaron a oídos de Leopold, quien escribió a su hijo para informarse. Wolfgang, genio y figura, negó todas aquellas habladurías y en prueba de ello anunció que en breve abandonaría la residencia de los Weber. (Lo que eludió comentar fue que, a pesar de esta promesa, continuaba con su relación con Kostanze, cada vez más íntima). A poco le da un soponcio al padre cuando a fines de año recibió una carta de Wolfgang anunciando su intención de casarse con Kostanze. Este episodio da buena prueba de que Wolfgang estaba decidido a realizar su propia vida con independencia de que a su padre le gustase o no. El 4 de agosto de 1782, Wolfgang y una veinteañera Kostanze contraían matrimonio en la catedral de San Esteban de Viena. El consentimiento de Leopold llegó un día más tarde.

 Una nueva vida se inició en Viena para un joven de 26 años que con el tiempo se habría de convertir en el compositor más admirado de todos los tiempos. Mozart había logrado ganarse una merecida reputación como profesor, obteniendo rentas suficientes como para ir tirando sin mayores excesos. En lo referente a su proceso compositivo, es en esta época donde se inicia el período más extraordinario del compositor en lo referente a su madurez creativa y ello arranca con la ópera El rapto del serrallo, que fue estrenada el 16 de julio de 1782 con asistencia del mismísimo emperador. La frase ha pasado a la historia: Al finalizar la exitosa velada, el emperador exclamó: –“¡Bravo, Herr Mozart! Demasiado hermosa… Aunque también, demasiadas notas”–  A lo que Mozart contestó: –“Las justas, Señor. Pero si usted no lo cree así, dígame cuántas notas se han de quitar…”-–  Un año después, Mozart tuvo su primer hijo, Raimund Leopold, que apenas sobrevivió un par de meses. Con el infortunado bebé, Mozart y Kostanze viajaron a Salzburgo y de esta forma el padre pudo conocer por fin a su nuera y a su nieto. Tras pasar allí tres meses, la pareja regresó a Viena, en donde Mozart continuó con las clases y la celebración de algunos conciertos. De esta época son las Sonatas para violín y piano, la Sinfonía en re menor, K. 385, los cuatro Conciertos para trompa y algunos de los mejores conciertos para piano.

 A finales de septiembre de 1784 nació Karl Thomas, uno de los dos hijos de Mozart que llegarían a vivir plenamente. Un mes más tarde, Mozart fue admitido como miembro de la logia masónica Zur Wohltätigkeit. Mozart ganaba suficiente dinero como para ser feliz con su familia, pero su mala cabeza hacía que viviese muy por encima de sus posibilidades, con lo que siempre se vio envuelto en dolorosas deudas. En 1785, la fama de Mozart se había extendido por toda Alemania, ofreciendo numerosos conciertos y publicando muchas de sus obras. De ese año es su bellísimo Concierto nº20 para piano, y también el Cuarteto en sol menor, K. 478 y la Sonata para violín, K. 481. Pero la ópera le seguía atrayendo irresistiblemente. Tras componer la música escénica de una obra sin grandes pretensiones, El director de escena, a finales de octubre de 1785 Mozart abordó la composición de una de las más geniales óperas de todos los tiempos, Las bodas de Fígaro, que con libreto de Lorenzo da Ponte fue estrenada en el Burgtheater de Viena el 1 de mayo de 1786 con un éxito de los que hacen época aunque, sin embargo, no tuvo mucha continuidad. A finales de ese mismo año, Mozart viajó a Praga — para la ocasión compuso la Sinfonía nº38 — en donde se le encargó una nueva ópera. Ya de vuelta en Salzburgo, mientras estaba metido de lleno en dicha composición, recibió la luctuosa noticia del fallecimiento de su padre Leopold el 28 de mayo de 1787. Al parecer, Mozart se sintió muy afectado por esta circunstancia y algunos críticos afirman que la ópera que estaba por entonces desarrollando, Don Giovanni — que fue estrenada en Praga el 29 de octubre — encierra algunos pasajes que parecen representar la turbulenta relación que envolvió a ambos en los últimos años. El caso fue que los praguenses alucinaron con Don Giovanni y le propusieron a Mozart quedarse en Praga para escribir una nueva ópera. Mozart no aceptó, ya que Gluck, el compositor de la corte de Viena, se estaba muriendo y Mozart parecía muy bien colocado para sucederle. Efectivamente, el 2 de diciembre Mozart fue nombrado compositor de la corte, pero con un sueldo de 800 gulden frente a los 2.000 que cobraba su antecesor.

 Pese a este nuevo cargo, a los conciertos, los encargos y las clases, las dificultades económicas de Mozart eran cada vez más acuciantes, viéndose obligado a mudarse dos veces de casa en poco tiempo. Entre diciembre de 1788 y junio de 1789, Mozart compuso algunas de sus mejores obras, como las tres últimas Sinfonías y el Concierto para piano de la Coronación. (En este intervalo de tiempo nació Therese, la única niña de Mozart que por desgracia falleció en ese mismo mes de junio). Sus alumnos disminuyeron considerablemente pero es muy posible que entre los mismos se encontrase un tal Beethoven, un chaval de Bonn que prometía. Tras un viaje a Prusia en la primavera de 1789, Mozart regresó a Viena y se topó con que Konstanze se encontraba muy enferma, no teniendo más remedio que ingresarla en un costoso balneario de Baviera, situación por la que se agravaron aún más los eternos problemas económicos del compositor. Aún así, antes de acabar el año, Mozart tuvo fuerzas como para componer el magistral Quinteto para clarinete y la no menos extraordinaria ópera Così fan tutte, que fue estrenada en el Burgtheater el 26 de enero de 1790 con gran éxito. En ese mismo año, Mozart compuso los cuartetos K. 589 y 590, luego de ver rechazada su solicitud de kapellmeister de San Esteban por el nuevo emperador Leopoldo II. (Realmente, fue nombrado “ayudante”, pero sin sueldo). Durante la primera mitad de 1791 Mozart parecía del todo desalentado y abatido — Konstanze tuvo que volver a ser ingresada — y sus composiciones no parecían ser muy relevantes. Pero una vez más sacó fuerzas de flaqueza y en muy poco tiempo compuso una de sus mejores óperas, el singspiel La flauta mágica, que fue estrenada el 30 de septiembre con gran éxito en el teatro An der Wien. Ahí no acabó la cosa, porque también recibió el encargo de la ópera de Praga de componer una nueva ópera (Mozart tenía que aceptar ahora el encargo debido a que estaba sin un céntimo) y esta se tituló La clemenza di Tito, estrenada el día 6 del mismo mes de septiembre con un discreto éxito que, sin embargo, fue poco a poco remontando. (Parece increíble como bajo esas circunstancias y con evidentes síntomas de fatiga mental, Mozart fuera capaz de componer dos fabulosas óperas de forma simultánea). En octubre, para descansar un poco, se dedicó a la composición de su Concierto para clarinete, dedicado a su amigo Stadler, y que constituye una de sus mejores obras.

 Durante el mes de noviembre, Mozart acometió la composición de su última obra, el famoso Requiem, cuyas circunstancias han dado pie a todo tipo de infundadas conjeturas, muy conocidas en tiempos recientes gracias al éxito de la extraordinaria — pero con escasa veracidad histórica — película Amadeus (1985) del director Milos Forman. Lo realmente cierto fue que el conde Franz von Walsegg-Stuppach, gran aficionado a la música, encargó a Mozart una composición de estas características para homenajear a su joven esposa, fallecida en febrero de ese mismo año. Enfrascado en dicha tarea, Mozart cayó enfermo y su estado empeoraba día a día, llegando Mozart a ser consciente de que su fin estaba muy próximo (De hecho, a sus amigos les confesó — con cierta dosis de irónico humor — que estaba componiendo en realidad la música de sus propios funerales). El 4 de diciembre, aprovechando una leve mejoría en su estado, a su casa acudieron unos amigos para visitarle y, de paso, ensayaron las diversas partes del Requiem para finalizar en el Lacrimosa, la última música que salió del cerebro — o de sabe Dios dónde — de Mozart. Esa misma noche, tras la velada, el compositor empeoró rápidamente y a la una de la madrugada del ya día 5 de diciembre expiró. El diagnóstico médico estableció que la causa fue una fiebre reumática aguda. Dos días después fue enterrado en el cementerio de San Marcos de Viena. Todas las leyendas que se han tejido en torno al funeral y posterior entierro de Mozart son absolutamente falsas, aunque delatan el carácter de personaje ya legendario que tuvo Mozart desde poco tiempo después de morir: Ni su comitiva fúnebre estuvo formada exclusivamente por la solitaria figura de un perro, ni hubo una terrible tormenta de rayos y viento durante su entierro, ni Salieri se escondió tras unos árboles durante unos días para verificar que Mozart no habría de resucitar, ni fue sepultado como un pordiosero en una fosa común y posteriormente cubierto de cal, ni bobadas por el estilo. A los funerales asistieron muchos amigos, entre ellos el propio Salieri (Ambos músicos se apreciaban mutuamente); la tarde de su entierro fue soleada y apacible en Viena, como así se indica en los archivos meteorológicos de la ciudad; Y en absoluto fue sepultado en una fosa común. Lo que ocurrió fue que al sepulturero — que al parecer iba un poco pasado de copas — se le olvidó apuntar el número de tumba y el dato pasó desapercibido en ese momento (Los acompañantes sólo llegaban hasta una parte del cementerio. El entierro en sí tenía lugar con la sola presencia del sepulturero y de un cura). Posteriormente, fue imposible averiguar la ubicación exacta de su tumba. Tampoco fue cierto que su gloria se esfumase en los años posteriores. Su mujer y los dos hijos que le sobrevivieron pudieron vivir con relativa comodidad gracias a los derechos de autor generados y desde entonces fue considerado como uno de los más grandes compositores de la historia. Se quedaron cortos: Para quien esto escribe, Wolfgang Amadeus Mozart ha sido el músico más genial que jamás haya pisado este planeta, este sistema solar, esta galaxia y este universo…

 Una de las causas por las que la música de Mozart es tan prodigiosa es consecuencia de los numerosos viajes y giras que desde bien niño efectuó por toda Europa y que le familiarizaron con los distintos estilos musicales de los países y ciudades que visitaba. Supo fusionar con inigualable maestría la lírica italiana y la brillantez francesa con los procedimientos compositivos centroeuropeos, diseñando un sentido natural de la simetría que acabó por perfeccionar el refinamiento clásico. Pese a lo que se pueda pensar en un principio, su música no fue especialmente revolucionaria sino que, por el contrario, pulió las formas clásicas ya consolidadas. Aún así, abre las puertas a un inminente Romanticismo mediante sus asombrosos contrastes y sus armonías cada vez más complejas. El proceso creativo de Mozart era realmente inexplicable: Proyectaba las obras en su mente hasta el más mínimo detalle (Al mismo tiempo que daba clases, comía o jugaba al billar) y, tan pronto como podía sentarse junto a la partitura, transmitía todas esas ideas en el pentagrama a la misma velocidad con la que una persona cualquiera escribe una carta. La música parecía fluir en él sin interrupción, algo que resulta del todo comprobable si tenemos en cuenta que en sus 17 años de madurez creativa (Desde los 18 a los 35 años de edad) produjo una media de cuatro composiciones al mes de las que, al menos, una de ellas puede ser considerada como obra maestra. Otro de los rasgos que caracterizaron a Mozart fue que prefirió la variedad y la libertad, con todos los riesgos económicos que ello conllevaba, al puesto fijo y seguro. Si Mozart hubiese trabajado para una sola persona tal vez hubiera adaptado su inspiración a dicho empleo, con lo que habría sido muy probable que muchas de sus geniales obras jamás hubiesen visto la luz. Como comentamos anteriormente, Mozart fue respetado tras muerte, considerándosele como un gran genio de la música. Sin embargo, en un principio su obra no gozó de similar aceptación, ya que — aunque bella y elegante — era vista como simple precursora del Romanticismo. Afortunadamente, la modernidad de fines del siglo XIX y principios del XX se sintió cautivada — como reacción contrarromántica — ante la absoluta perfección musical desarrollada por Mozart. En la actualidad, un gran número de compositores, de directores de orquesta, de solistas, de cantantes líricos, de profesores de música, etc… Consideran a Mozart como el mayor referente musical de todos los tiempos.

OBRAS

– 41 Sinfonías, destacando la 25, 29, 31, 33, 34, 35, 36, 38, 39, 40 y 41
– 27 Conciertos para piano, destacando el 9, 17, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26 y 27
– 5 Conciertos para violín, destacando el 3, 4 y 5
– 4 Conciertos para trompa
Concierto para flauta
Concierto para oboe
Concierto para clarinete
Concierto para fagot
Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta
Concierto para dos pianos
Sinfonía concertante para cuatro instrumentos de viento y orquesta
Concierto para tres pianos
Concierto para flauta y arpa
Concertone para dos violines
– 17 Divertimentos
– 13 Serenatas, destacando Eine kleine Nachtmusik
– 100 Minuetos
– Otras piezas como Gavotas, Marchas, Música masónica…
– 19 Misas, destacando la Misa de la Coronación y el Requiem
– 4 Cantatas, destacando Exultate Iubilate
Vísperas
– 12 Obras corales breves, destacando el Ave Verum
– 24 Óperas, destacando Idomeneo, rè di Creta, El rapto en el serrallo, Las Bodas de Fígaro, Don Giovanni, Così fan tutte y La flauta mágica
– 40 Arias de concierto
– Docenas de piezas breves para voz y orquesta
– 50 Canciones para voz y piano
– 17 Sonatas para piano, destacando la 10, 11 y 16
– 13 Series de Variaciones para piano
– 4 Fantasías y otras piezas breves para piano, destacando la Fantasía en do menor, K. 475
– Diversas piezas para dos pianos y piano a dúo, destacando la Sonata K. 448 para dos pianos y la Sonata a cuatro manos, K. 521
– 23 Cuartetos de cuerda, destacando el 19
– 6 Quintetos de cuerda, destacando el 3, 4, 5 y 6
Quinteto para clarinete
Quinteto para piano y trompa
Quinteto para piano y viento
Cuarteto para óboe
– 6 Cuartetos para flauta
– 2 Cuartetos para dos pianos
– 6 Tríos para piano
Trío para clarinete, viola y piano
Divertimento para violín, viola y violoncelo
Sonata para fagot y violoncelo
Trío de cuerda
– 2 Duetos para violín y viola
– 35 Sonatas para violín
Minuetos, Adagios y otras obras breves para cámara