Por más que se intente eludir la cuestión, el mundo de la dirección orquestal ha sido acaparado mayormente por hombres desde sus inicios. Y no sólo eso. Incluso en esta época actual, algunas orquestas de relevancia internacional adolecen aún de cierta alergia en lo relativo a la incorporación de mujeres a sus plantillas, con lo que se contraviene un derecho de igualdad social absolutamente injustificable. La primera noticia de una mujer directora de orquesta de la que tenemos constancia procede de mediados del siglo XIX, cuando Maria Grunner fue designada directora de una modesta orquesta vienesa. Ya en pleno siglo XX, y a diferencia de lo que sucedía en lo relativo al mundo de la interpretación solista, era toda una rareza encontrarse con una mujer empuñando la batuta sobre un podio. Afortunadamente, esta discriminatoria situación parece haberse disipado, si bien con mucha lentitud, en los tiempos presentes. EEUU fue uno de los primeros países en normalizar esta situación mediante la aparición de figuras como Marin Alsop (directora de la Orquesta de Denver), Anne Manson (directora de la Orquesta de Kansas City), Ann Falletta (directora de la Orquesta Filarmónica de Buffalo) y Gisele Ben Dor (directora de la Orquesta de Santa Bárbara). Fuera de los EEUU, podemos mencionar a Simone Young, Odaline de la Martínez y Jane Glover. Por lo que respecta a España, Mercedes Padilla, Isabel López Calzada y Silvia Sanz fueron las precursoras de una lista que se ha ampliado con Gloria Isabel Ramos, Virginia Martínez y la guapísima Inma Shara. Pero a la hora de hablar de directoras de orquesta, y más concretamente en el terreno operístico, sobresale la figura de la neoyorquina Eve Queler.

 Eve Rabin Queler nació el 1 de enero de 1936 en Nueva York, EEUU, e inició sus estudios musicales en la High School of Music de La Guardia para posteriormente acceder al Mannes College de Nueva York, institución en donde estudió piano y dirección orquestal. Gracias a una beca concedida por la Fundación Rockefeller, la futura directora de orquesta pudo ampliar su formación musical bajo la tutela de los profesores Joseph Rosenstock, Paul Ulanowsky y Paul Berl, para posteriormente seguir los cursos de dirección orquestal impartidos por Leonard Slatkin en Saint Louis. De ahí pasó a estudiar en Europa con figuras de la talla de Herbert von Karajan e Igor Markevitch, con lo que el grado de su formación musical llegó a ser del todo completo y considerable teniendo en cuenta su condición femenina. Su primer cargo de importancia sobrevino en 1966, cuando Queler fue nombrada directora asistente de Julius Rudel al frente de la New York City Opera. Dos años más tarde, Queler fundó la Orquesta de la Ópera de Nueva York con la que realizó en el Carnegie Hall numerosas audiciones de óperas poco habituales en el repertorio, como Aroldo de Verdi, Parisina de Donizetti y Guntram de Richard Strauss, entre otras.

 En 1978, Queler debutó con pleno mando sobre el podio de la New York City Opera con una producción mozartiana, pasando después a desarrollar una exitosa carrera internacional que la llevó por Barcelona, Las Palmas, Niza, Budapest y Praga. De forma paralela, y como directora de la Orquesta de la Ópera de Nueva York, Queler ha dirigido más de 100 producciones en el Carnegie Hall en forma de concierto, con títulos tan variados que van desde Mozart a Richard Strauss. Aparte de esta actividad, Queler se ha mostrado también como una estupenda directora de conciertos sinfónicos, como así lo prueba el hecho de ser contantemente requerida para actuar como invitada por relevantes orquestas europeas y norteamericanas. Con todo, la labor musical de Queler se ha centralizado principalmente en el terreno operístico. En la actualidad, Queler reside en Nueva York y se muestra como una de las personalidades más importantes de la actividad operística estadounidense.

 Considerada como una de las pioneras en el mundo de la ópera, Eve Queler se caracteriza por poseer un don privilegiado que le hace dotar a sus versiones de un enorme sentido de la potencia y la brillantez generales. Inteligente, precisa y perspicaz, Queler se ha ganado una merecida reputación no sólo por introducir títulos casi inéditos en su repertorio, sino por su gran habilidad para tratar con todo tipo de cantantes, ya sean consagradas figuras o incipientes valores que no tardarán en alzarse al estrellato internacional. La crítica, de forma unánime, resalta la facilidad de Queler para transmitir las cualidades humanas de la obra que dirige, dibujando un sonido hermoso y equilibrado mediante la elección de precisos tempi y todo ello asentado por un elegante fraseo melódico. Con un considerable repertorio en donde su punto fuerte reside en los belcantistas y Verdi, Queler se ha mostrado especialmente interesada en las óperas eslavas, un campo en el que se ha convertido en una de las máximas autoridades mundiales. Con una producción discográfica más que suficiente, Queler ha recibido numerosas distinciones y premios en reconocimiento a su labor entre las que destaca la Orden de las Artes y Letras Francesas y el Premio Touchstone por su visionario espíritu dentro de un mundo acaparado casi en su totalidad por varones.

 De entre la producción discográfica debida a Eve Queler podemos mencionar las siguientes grabaciones (advertimos que los distintos enlaces que vienen a continuación no tienen porqué corresponderse necesariamente con la versión citada pero sí con la obra mencionada): Selección de arias de Bellini, junto a Milena Kitic y dirigiendo la Orquesta de la Ópera de Nueva York (ROMEO 7218); La favorita de Donizetti, junto a Verrett, Kraus, Elvira y Morris, y dirigiendo la Orquesta de la Ópera de Nueva York (GALA 588); selección de arias de Ponchielli junto a Milena Kitic y dirigiendo la Orquesta de la Ópera de Nueva York (ROMEO 7218); La fanciulla del West de Puccini, junto a Tedeschi y Pimrose, y dirigiendo la Orquesta de la Ópera de Nueva York (vídeo de referencia desconocida); Obertura de Tancredi de Rossini dirigiendo la Orquesta de la Ópera de Nueva York (vídeo de referencia desconocida); Dalibor de Smetana, junto a Gedda, Monk, Foss y Plishka, y dirigiendo la Orquesta de la Ópera de Nueva York (PONTO 1018); y, finalmente, Aroldo de Verdi, junto a Caballé, Pons, Cecchele y Rogers, y dirigiendo la Orquesta de la Ópera de Nueva York (SPNY 79328). Nuestro humilde homenaje a esta gran directora de orquesta.