Cuentan que cuando Evgeni Mravinski presentó a “su” Filarmónica de Leningrado en la República Federal de Alemania en 1956, el público pareció descubrir a otro Chaikovski muy lejano al de las dramáticas, tensas, impetuosas e incluso lacrimógenas versiones que de sus sinfonías solían realizar los directores de Europa occidental y de América. El director ruso pareció abrir un cofre secretamente guardado y brindó unas lecturas serias, embriagadoras, nobles y severas en las formas, y decididamente purificadas. Hasta ese momento, muy pocos directores habían caído en la notoria cuenta de que Chaikovski se preocupaba hasta el extremo de la convincente proporcionalidad de su música, en un intento de alcanzar a los clásicos vieneses en la lógica y racionalidad de la elaboración de temas y motivos, por un lado, y del lenguaje formal por el otro. Mozart fue el compositor al que más admiró Chaikovski desde siempre. Tal vez por todo ello, Chaikovski, como “occidentalista y clasicista”, sufrió la continua hostilidad de algunos miembros del famoso Grupo de los Cinco Rusos. Pero eso no fue todo: Las versiones de Chaikovski por parte de Mravinski también reflejaban el ímpetu de la nueva escuela de intérpretes soviéticos que pretendía representar la tradición propia de Europa del Este como conjunto supranacional. En consecuencia, las míticas grabaciones de las sinfonías de Chaikovski realizadas por Mravinski y la Filarmónica de Leningrado tuvieron el efecto correctivo de ofrecer al mundo unas versiones más frías pero extraordinariamente relajadas que proporcionaban una grandeza y dignidad que se había ido perdiendo en la actividad concertante tradicional.

 Evgeny Alexandrovich Mravinski nació el 4 de junio de 1903 en San Petersburgo en el seno de una familia en donde su madre y su tía eran cantantes, esta última solista del Teatro Mariinski. Comenzó su formación musical a los seis años y se enamoró de la música durante una representación de Chaikovski en el teatro de la ópera. Quizás un tanto obligado por su padre, Mravinski comenzó los estudios de biología para luego abandonar esta tarea e ingresar en el Conservatorio de su ciudad natal y ponerse bajo las órdenes de Alexander Gauk y Nikolai Malko, sus maestros en dirección orquestal. Debuta como director en 1929 y dos años más tarde dirige por primera vez a la Filarmónica de Leningrado con obras de Mussorgski y Beethoven. En 1931 se convierte en el director del Teatro Kirov de Leningrado, institución en donde se va curtiendo como director. Pero en 1938 le llega su gran oportunidad al conseguir el Premio de Directores de la URSS, en dura competencia con otras futuras figuras como Kondrashin. Este galardón le concede la oportunidad de ser nombrado titular de la Filarmónica de Leningrado, sustituyendo a Fritz Stiedry, e iniciando un binomio que perdurará nada menos que cincuenta años, hasta 1988, sólo quebrado por la muerte del director.

 Durante la II Guerra Mundial y la consiguiente invasión nazi de Rusia, Mravinski y sus filarmónicos son puestos a salvo en Siberia (Novosibirsk) aunque regresan  momentáneamente para ofrecer una antológica versión de la Séptima de Shostakovich que es retransmitida por radio a toda Rusia (La sinfonía se convirtió en un símbolo de la resistencia frente al invasor: Llegó a interpretarse cuatro veces en una semana y el número total de retransmisiones radiofónicas de la obra, de nuevo en Siberia, superó la cifra de 200 durante los tres años que duró la guerra). Finalizada la contienda mundial, Mravinski es toda una institución en la URSS. En 1946, realiza con su orquesta la primera salida al extranjero (Praga) y también comienza una incesante actividad discográfica de estudio que se prolonga hasta 1961 (Las posteriores grabaciones existentes de Mravinski, algunas no autorizadas, fueron tomadas en concierto). Diez años después, el binomio Mravinski-Filarmónica de Leningrado realiza otra gira por Alemania Federal, Austria y Suiza, obteniendo no ya sólo un clamoroso éxito, sino una admiración que rozaba los límites de lo legendario. De igual manera se presenta en las Islas Británicas en 1960, actuando en el Festival de Edimburgo y en el Royal Festival Hall de Londres. Algunos naturales del país anglosajón aún recuerdan aquellos memorables conciertos como algo difícil de narrar. El 6 de octubre de 1971, Mravinski se presenta en Madrid y causa una paupérrima impresión (Dirigió con un fuerte ataque de diarrea como consecuencia de una intoxicación alimentaria). Dos días después, el público del Teatro Real se rinde ante el magisterio de un director que ofreció una descomunal versión de la Cuarta de Chaikovski. El 17 de junio de 1982, Mravinski ofrece una inolvidable lectura de Romeo y Julieta de Prokofiev y de la Quinta de Chaikovski durante un concierto extraordinario celebrado en el Teatro Real de Madrid con motivo del Campeonato Mundial de Fútbol España-1982. Me fue imposible conseguir entrada o invitación. Para el 27 de mayo de 1986 se anuncia en el Teatro Real de Madrid a Mravinski, su orquesta y la Séptima de Bruckner. A última hora, un joven Mariss Jansons sustituye a Mravinski y también cambia todo el programa (Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak, Suite de La bella durmiente de Chaikovski y Capricho italiano del mismo compositor). Pese a que el concierto resultó extraordinario, la anulación de Mravinski supuso posiblemente el mayor disgusto musical de quien esto escribe en toda su vida. El 6 de marzo de 1987, Mravinski ofrece su último concierto (Incompleta de Schubert y Cuarta de Brahms). Ese mismo año se le detecta un cáncer y el director viaja a Viena para ser tratado. Al recibir una piadosa alta en Viena, Mravinski observa con desolación como no tiene suficiente dinero para pagar la factura hospitalaria. Un representante de la Sociedad de Amigos de la Música de Viena tranquiliza al maestro y le indica que dicha sociedad se hará cargo de todos los gastos. Mravinski falleció el 19 de enero de 1988 en Leningrado.

 Mravinski fue un consumado especialista en música rusa, como no podía haber sido de otra manera, pero siguiendo la tradición de Petrogrado, tampoco descuidó la música foránea. El modernismo clásico (Stravinski, Hindemith, Honegger, Bartok) tuvo en el maestro ruso a un aventajado abogado. En las veces en las que interpretó a Mozart, descubrimos un estilo lucido y espiritual que al mismo tiempo no ocultaba una cierta firmeza en el perfilamiento de los temas. Pero gracias a Mravinski, a su intelectualidad y a su universalidad musical, la formación de Leningrado llegó a ser uno de los pocos conjuntos soviéticos que, fuera de su país, encontraron audición con un repertorio no exclusivamente ruso. De cualquier forma, hablar de Mravinski es hablar de buena parte de la historia de la música rusa del siglo XX: Shostakovich le dedicó las sinfonías quinta, sexta y octava, estrenadas por el maestro junto con la novena, décima y duodécima, además de algunos conciertos (El de violoncelo junto a Rostropovich); de Prokofiev estrenó la sexta sinfonía; de Khachaturian, la tercera; de Miaskovski, la cuarta… Y así un largo etcétera.

 Pese a que la figura de Evgeni Mravisnki se asocia indefectiblemente a la Orquesta Filarmónica de Leningrado (Que yo sepa, los cincuenta años que Mravinski estuvo con dicha formación no han sido superados nunca por otros directores de relieve: Mengelberg estuvo igualmente 50 años con el Concertgebouw; 49 años Ansermet con la Suisse Romande y 44 Ormandy con la Orquesta de Filadelfia), también dirigió en otras ocasiones a otras orquestas, como así certifican las grabaciones discográficas, tales como la Sinfónica del Estado de la URSS, la Sinfónica de Moscú o la Filarmónica Checa. Según sus íntimos amigos, bajo esa apariencia sobria y autoritaria que se erigía sobre el podio se escondía un director muy inquieto y nervioso momentos antes de ofrecer un concierto, circunstancia que perduró a lo largo de toda su existencia. Mravinski sufría el llamado “miedo escénico” fuera de la URSS, cuando se hallaba de gira con la orquesta, máxime si nos atenemos a la enorme responsabilidad que suponía para él representar la “esencia cultural soviética” como verdadero embajador diplomático de la URSS. En sus ensayos, Mravinski procuraba dejar todo absolutamente cerrado de cara al concierto, de ahí la rigidez y economía gestual de un director que odiaba cualquier indicación superflua. Pero sus contemporáneos occidentales supieron apreciar la inestimable musicalidad que desprendía este director a la hora de manejar ese prodigio técnico llamado Orquesta Filarmónica de Leningrado. La leyenda cuenta que Herbert von Karajan solicitó el disco de Mravinski con la grabación de la Quinta de Chaikovski momentos después de que el maestro austríaco hubiese concluido una toma discográfica de la misma obra. Karajan estuvo toda la noche escuchando repetidamente a Mravinski y a la mañana siguiente ordenó borrar todo lo que había grabado de su última versión.

 Del conglomerado de grabaciones que actualmente existe de Mravinski, seleccionamos: (Todas, con la Filarmónica de Leningrado): Música para cuerdas, percusión y celesta de Bartok (BRILLIANT CLASSICS 8593); Sinfonía nº4 de Beethoven (MELODIYA 1000801); las Cuatro sinfonías de Brahms (DOREMI 7798); Preludio a la siesta de un fauno de Debussy (MELODIYA 1000755); obertura de Ruslán y Ludmila de Glinka (BRILLIANT CLASSICS 8593); obertura de Don Giovanni de Mozart (BRILLIANT CLASSICS 8593); preludio de Khovantchina de Mussorgski (MELODIYA 1000755); suite de Romeo y Julieta de Prokofiev (PHILIPS 420483); Sinfonía nº8 de Schubert (PRAGA 350053); El poema del éxtasis de Scriabin (BRILLIANT CLASSICS 8593); Sinfonía nº5 de Shostakovich (DOREMI 7610); Sinfonía nº8 de Shostakovich (PHILIPS 422442); las sinfonías nº4, 5 y 6 de Chaikovski — Absoluta referencia — (DG 419745); preludio al Acto I de Lohengrin de Wagner (MELODIYA 1000755); preludio al Acto III de Lohengrin de Wagner (MELODIYA 1000755); obertura de Los maestros cantores de Wagner (MELODIYA 1000755); y finalmente La cabalgata de las walkirias de Wagner (MELODIYA 1000755); También recomendamos el documental 50 años de historia de Evgeny Mravinski y la Orquesta Filarmónica de Leningrado (En alemán y dividido en seis vídeos. Imprescindible. Impresionante la obsesiva disertación del último movimiento de la Segunda de Brahms. No os perdáis esta serie de vídeos para comprender en toda su dimensión a Mravinski). Nuestro humilde homenaje a un fabuloso e inolvidable maestro, Evgeny Mravinski, el “Karajan del Este”.