* Nacido el 7 de mayo de 1840 en Votkinski, provincia de Viatka; Urales
* Fallecido el 6 de noviembre de 1893 en San Petersburgo

 Hijo de un inspector de minas y de una aristócrata francesa, el pequeño Piotr fue de hecho criado por una institutriz suiza que le proporcionó una educación fundamentalmente francesa, ayudándole del todo en sus naturales inclinaciones hacia las artes en general. Esta fusión de elementos rusos y franceses fue fundamental en la posterior evolución musical del compositor. A los siete años, un Piotr extremadamente sensible, reservado y tímido, empezó con sus primeros estudios serios de piano. Además, por diversos testimonios, sabemos que se pasaba largas horas escuchando a solas diversas piezas de Mozart, Bellini y Donizetti por medio de un extraño y caro artilugio antecesor de la pianola, la orquestrola. Con ocho años, la familia se traslada a Moscú y allí Piotr continúa sus estudios pianísticos de la mano del profesor Philippov, realizando grandes progresos en poco tiempo. Dada la elevada posición social de su familia, a Piotr le obligaron a estudiar derecho y por ello el futuro compositor ingresó en la Escuela de Jurisprudencia de San Petersburgo con tan sólo diez años, institución en la que permaneció otros nueve y en la que la forzosa separación de su madre — a quien Piotr adoraba del todo — le produjo un trauma imborrable que se vio dolorosamente reconfirmado cuatro años después, cuando la madre falleció víctima del cólera. Chaikovski sublimaría el perdido amor materno hasta extremos de acrecentar un enorme complejo de Edipo que posiblemente despertó en él una temprana homosexualidad que le acompañaría durante el resto de su vida. Este aspecto de su personalidad era difícilmente asumible en la alta sociedad rusa de aquellos días y obligó a Chaikovski a llevar una aparente condición de “persona normal” que no hizo sino aumentar su innata tendencia a la depresión y al trastorno bipolar.

 En 1859, Chaikovski obtiene por fin la licenciatura en derecho, ingresando en el Ministerio de Justicia de San Petersburgo en calidad de funcionario. En realidad, Chaikovski deseaba dedicarse exclusivamente a la música; sin embargo, sus ingresos como funcionario eran vitales para su familia, ya que, por diversos motivos, había pasado en estos años de la opulencia a la más absoluta bancarrota. No obstante, Chaikovski reservaba para sí parte de su sueldo y lo gastaba en fines propios, como asistencia a óperas, ballets y algún que otro café de más que dudosa reputación. Chaikovski, por estas fechas, ofrecía la imagen de un joven apuesto y romántico, impecablemente vestido y de educados y finos modales, aunque seguía adoleciendo de una insufrible timidez ante la presencia de cualquier mujer. En 1861, decide viajar a Francia y Alemania, países en los que tuvo mucho tiempo para reflexionar sobre su vida. A su regreso a Rusia toma la firme decisión de convertirse en músico y para ello se matricula en el Conservatorio de San Petersburgo en 1862. Abandonó su trabajo como funcionario y se vio obligado a dar clases de piano para subsistir, tornándose su antaño cómoda situación en algo más que una miserable precariedad. En el Conservatorio cosechó una buena amistad con el gran pianista Anton Rubinstein (No confundir con el posterior Arthur Rubinstein), un músico que ayudó y mucho a Chaikovski en sus inicios. En 1865, con 25 años, concluye sus estudios en el Conservatorio, obteniendo un segundo premio en composición y consiguiendo un puesto como profesor interino de armonía en el Conservatorio de Moscú, ocupación que sirvió para paliar un tanto su ruinosa situación económica. Pero mucho más importante fue la amistad que se granjeó con el hermano de Anton Rubinstein, Nikolai, otro reputado — y violentísimo — músico que pronto advirtió el talento de Piotr, abriéndole muchas puertas en el Moscú musical de aquellos días, algo realmente complicado para un músico provinciano como Chaikovski.

 Entre 1866 y 1868, Chaikovski compone sus tres primeras obras de cierta importancia: La Obertura sobre el himno nacional danés, la ópera El voivoda y la Primera sinfonía, aunque el exceso de trabajo le provoca unos preocupantes trastornos nerviosos y un serio desequilibrio emocional. También en 1868 Chaikovski contactó con un grupo de jóvenes músicos — los Cinco Rusos — cuya meta era establecer una conciencia musical nacionalista. Sin embargo, y a pesar de ciertas influencias en futuras composiciones, la relación de Chaikovski con el grupo de los Cinco Rusos (Cui, Borodin, Mussorgski, Balakirev y Rimski-Korsakov) no fue del todo cordial, a excepción de Rimski-Korsakov. Un año después, Chaikovski parece enamorarse de una soprano belga que pasaba por Moscú, Désirée Artôt. El compositor llegó incluso a viajar en verano a París para verla; por desgracia, aquello no cuajó — la chica descubrió las verdaderas afinidades sexuales de Chaikovski — y Désirée acabó casándose con un barítono español. (La noticia no afectó mucho, que digamos, a Chaikovski). Durante los años siguientes, Chaikovski se confirmaría como un gran compositor con obras como Romeo y Julieta, el Concierto nº1 para piano, las sinfonías 2 y 3, el Cuarteto nº1 y la ópera Oprichnik — estrenada con gran éxito de público pero no así de crítica — y también la ópera Ondine, rechazada por el Comité de los Teatros Imperiales y posteriormente destruida por el compositor. Pero, nuevamente, el exceso de trabajo sumió a Chaikovski en una profunda depresión nerviosa. Para paliar estos desequilibrios emocionales, Chaikovski viajaba con frecuencia por Alemania, Suiza e Italia. En uno de estos periplos se detuvo en Bayreuth y asistió al estreno completo de la Tetralogía de Wagner, obra que juzgó aburrida, pesada y excesivamente grandilocuente. No sabemos lo que tuvo que ver el pillo de Wagner en todo esto, pero el caso fue que Chaikovski regresó a Rusia en 1876 completamente deprimido tras asistir a dicha representación…

 A pesar de todo, la fama de Chaikovski como compositor se iba paulatinamente acrecentando pero no así sus costumbres y ciertas relaciones suyas que la sociedad moscovita consideró no menos que escandalosas (Se fue corriendo el rumor de su más que contrastada homosexualidad). Fue entonces, en marzo de 1877, cuando tuvo lugar uno de los más enigmáticos episodios acontecidos nunca en la vida de un compositor: Mientras Chaikovski estaba enfrascado en la composición de Eugenio Oneguin (Una de sus mejores óperas), recibió una apasionada carta de amor de una desconocida a la que siguieron unas cuantas más. Ante tal sucesión de misivas, Chaikovski solicitó entrevistarse con la anónima autora de dichas epístolas y que resultó ser una joven admiradora de 28 años llamada Antonina Miliukova. Chaikovski vio una oportunidad inmejorable para proteger su vida privada y acallar de una vez por todas los rumores sobre su sexualidad, por lo que terminó casándose con ella en julio del mismo año. Como es fácil suponer, aquello acabó como una auténtica tragicomedia: El matrimonio no llegó nunca a consumarse (Chaikovski ponía todo tipo de insólitas excusas para no acercarse ni de bromas al lecho conyugal) y tras dos meses de horrible sufrimiento — a punto estuvo el músico de suicidarse — en septiembre del mismo año la pareja decide separarse. El pobre Chaikovski no reparó en que Antonina, aparte de ser una mujer enferma y entregada a la mitomanía, era además una ninfómana que se enamoraba de cualquier hombre con la única condición de que fuese rico y/o famoso. De hecho, Antonina terminó sus días recluida en un asilo para enfermos mentales.

 Luego de este episodio más propio de un culebrón latinoamericano que de una novela rusa, Chaikovski conoció a otra mujer de signo muy distinto y que resultó capital en la actividad creativa del compositor durante casi trece años. Se trataba de Nadiescha von Meck, una acaudalada viuda de un industrial alemán que además era una mujer de una incontestable madurez, inteligente, poco dada a la vida social y, sobre todo, apasionada de la música, especialmente de la compuesta por Chaikovski. Enterada de sus dificultades económicas, decidió apoyar al músico, convirtiéndose así en una inestimable mecenas. Chaikovski pudo dedicarse desde entonces a la composición libremente y sin presiones económicas de ningún tipo. Madame Von Meck le pasaba una pensión de 6.000 rublos anuales, una cantidad muy considerable en aquella época, aparte de sufragar los gastos de publicación de sus obras y de subvencionar a muchas orquestas europeas para que ejecutaran las obras del compositor. Con todo, Chaikovski le pidió en más de una ocasión dinero extra, abusando notablemente de su generosidad. De cualquier forma, Chaikovski siempre manifestó una devoción especial por aquella mujer, a la que consideraba una persona inteligente, sensible y comprensiva. Nadiescha llegó incluso a ceder al compositor algunas de sus majestuosas residencias en Rusia e Italia para que éste trabajase con total tranquilidad. Aquella estupenda amistad se quebró en 1890, cuando madame Von Meck alegó unas dificultades económicas del todo inexistentes, cortando terminantemente con cualquier mínima inyección monetaria. (Lo que realmente ocurrió fue que la viuda acabó por enterarse de la homosexualidad del compositor). Lo realmente curioso de esta relación fue que Chaikovski y madame Von Meck no llegaron nunca a conocerse personalmente, realizándose toda la comunicación por medio del intercambio de cartas. De todas maneras, madame Von Meck siguió en secreto las evoluciones musicales de Chaikovski hasta la muerte del mismo y es muy posible que muchas de las más grandes obras del compositor pudieran ver la luz merced a sus desinteresadas ayudas.

FIN DE LA PRIMERA PARTE