richardwagner-1871-munich

 Aunque Wagner daba a conocer en sus conciertos algunos fragmentos de sus obras, desde 1850 no había estrenado una ópera completa. Necesitado de un gran triunfo en otro teatro, puso de nuevo sus miras en París, aprovechando que Rossini estaba retirado, que Meyerbeer estaba en pleno ocaso y que Berlioz seguía inspirando desconfianza con Los Troyanos. Para hacerse con fondos necesarios, Wagner, hombre práctico, vendió los derechos de publicación a Otto Wesendonck. Como si la cosa no fuese del todo con ella, Minna se presentó en París en noviembre de 1859 dispuesta a seguir al compositor en esta nueva aventura que no parecía acarrear con riesgos de infidelidad amorosa. No pocos gastos tuvo que afrontar Wagner para intentar que le fuesen abiertas las puertas de la Grand´Opera: Organizó tres conciertos con obras suyas y abrió un lujoso salón en su casa destinado a tertulias de alto nivel, por lo que las deudas aumentaron de forma tan agobiante como rápida. Finalmente, consigue la ansiada licencia de Napoleón III para que pueda representar Tannhäuser en la Grand´Opera y, tras prolongados y costosos ensayos, la obra se ofrece el 13 de marzo de 1861 con un fracaso de los que hacen historia (Al parecer, Berlioz y sus partidarios tuvieron mucho que ver en ello). Wagner retiró la obra cuando sólo se habían ofrecido tres representaciones y se largó de París en abril, dejando tras de sí un mar de deudas.

 Durante los tres años siguientes, Wagner estuvo dando tumbos por aquí y por allá, huyendo de los acreedores y negociando (Revendiendo) los derechos de sus obras una y otra vez. Por contra, en 1862 obtiene la plena amnistía para volver a Alemania, con lo que aumentan tanto sus posibilidades de actuación como la lista de antiguos acreedores. Tras viajar a Rusia, en 1863, y obtener allí notables resultados artísticos y económicos, decide celebrar dicho éxito en Frankfurt liándose con una actriz que no acabó por gustarle del todo, por lo que acaba renunciando a ella y eligiendo en su lugar a la hija de un conocido notario de Maguncia, Mathilde Mayer. Pero ni con esa doble afrenta consiguió Wagner que Minna le concediera el divorcio. En este turbulento ambiente amoroso, Wagner inicia la composición de Los maestros cantores y recibe la triste noticia de que Viena renuncia a estrenar el Tristán. (El tenor vienés más famoso de la época, un tal Anders, se declaró incapaz de aprenderse el papel tras 72 ensayos…). Por si no fuera poco, Minna se vuelve a Dresde y, en condición de separada, reclama un sustento tanto para ella como para mantener la vivienda. Wagner se ve arruinado del todo, sin un triste céntimo y sin posibilidad de ganarlo. Es en esta situación tan desesperada cuando se produce uno de los mayores golpes de fortuna que tuvo el compositor a lo largo de toda su vida, la oferta de Luis II de Baviera para que “Wagner pudiera dedicarse a componer en Baviera sin preocupaciones de tipo económico”. El monarca bávaro se mostró como un verdadero entusiasta de los escritos de Wagner, especialmente del poema El anillo del nibelungo.

 Wagner fue instalado en una cómoda villa junto al lago Starnberg a escasos minutos paseando del palacio real. El rey canceló todas las deudas del compositor, a quien visitaba tres o cuatro veces por día, y compró los derechos de El anillo. Wagner programó un ambicioso cuadro de representaciones de sus principales obras — y las que ya tenía en mente — que abarcaba hasta los ocho próximos años. Para tal gigantesco proyecto, pidió a su antiguo amigo, Hans von Bülow, que viniera a vivir con él para encargarse de la preparación musical. El problema surgió cuando Cósima, la joven y bella mujer de Von Bülow — e hija de Franz Liszt — apareció por Munich en 1864… En 1865 nació Isolda, la primera hija del compositor; en 1867, Eva; y en 1869, Sigfried. Para no entorpecer más aquella inesperada relación, Minna fallece en enero de 1866 y, luego de superar la inicial resistencia del pobre y humillado Von Bülow (Traicionado por el artista que más admiraba y también por su mujer… ¡Vaya papelón!) la pareja se casa en Lucerna el 25 de agosto de 1870, ante un disgustado Franz Liszt que optó por separarse de la misma.

 Pero el mayor problema sobrevino en la corte, donde Wagner era considerado un bicho indeseable para el bonachón e indolente Luis II, sobre todo por parte de la reina madre, quien no tardó en conspirar contra el compositor apoyándose en la figura del jefe de gobierno, Von der Pfortden. Este lanza un ultimátum al rey en 1865 por el que Wagner se ve obligado a abandonar Munich el 10 de diciembre del mismo año, yéndose a instalar en Tribschen, cerca de Lucerna. Sin embargo, las relaciones entre Luis II y el músico continuaron a pesar del distanciamiento físico y, sobre todo, de los sucesos de la guerra austro-prusiana que venía larvándose desde 1868. El 21 de junio del mismo año, Wagner estrena en Munich Los maestros cantores con un éxito tanto musical como social, ganándose el fervor del público y de un joven filósofo que por entonces empezaba a despuntar, Friedrich Nietzsche. Es en esta época cuando Wagner y Cósima albergan la idea de conseguir un teatro propio, aprovechando el ambiente de exaltación germánica que por entonces se vivía. Lo que Wagner tenía en mente era la creación de un teatro donde pudiera interpretarse el ciclo de El anillo del nibelungo y en un marco alejado de las nuevas intrigas políticas de Bismarck en Berlín. Como no podía ser de otra manera, Luis II sufragó los gastos de Bayreuth, lugar elegido para la construcción del nuevo teatro, y de la elegante villa neoclásica que serviría de hogar a Wagner y a los suyos, la llamada Wahnfried (Paz de la ilusión). Fueron años de duros compromisos en los que el compositor empezó a padecer de una dolencia cardíaca aguda que se sumó a una doble hernia inguinal que arrastraba desde hacía tiempo.

 Finalmente, la inauguración del Festpielhaus de Bayreuth tuvo lugar el 13 de agosto de 1876 — fecha imborrable para la legión wagneriana — con el estreno completo de La Tetralogía, recibiendo por ello Wagner los más altos honores e incluso la felicitación personal del káiser Guillermo I, circunstancia que motivó el alejamiento de Nietzsche, algo que apenas preocupó al músico. Sin embargo, Wagner no se quedó satisfecho del todo con esa primera representación y quiso mejorar la producción de su gigantesca obra (La Tetralogía completa — El oro del Rin, La walkiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses — suponen unas 20 horas de música, aproximadamente). Mas, el déficit hizo imposible la revisión.

 Tras aquellos años, Wagner fue perfilando Parsifal, su última ópera, que hubo de concluir el 13 de enero de 1882 en Palermo y cuyo estreno tuvo lugar el 26 de julio de 1882 bajo la dirección del judío Hermann Levi — pese a las intrigas que trataron de impedirlo — y en medio de una expectación enorme. Aunque algunos hasta entonces incondicionales faltaron a la cita (Bülow, Luis II, Nietzsche…) sí que acudió, en cambio, Liszt, ya reconciliado con Richard y Cósima. Durante el tercer acto, Wagner tomó la batuta para dirigir la última escena en medio de un clamor, aunque no subió del foso al escenario para recibir las ovaciones, sino para intercambiar bromas y comentarios con los profesores de la orquesta. En septiembre, Wagner partió para Italia, ya que el clima invernal de Bayreuth le deprimía.

 La imagen de un anciano Wagner en Venecia, en donde fue continuamente homenajeado y agasajado, era la de un hombre ya muy castigado por las enfermedades que sólo parecía sentirse a gusto sentado en una terraza al sol y saboreando un aromático café. Dicen que tenía en mente componer una sinfonía pero lo que realmente creó fue una inquietante y premonitora partitura, La góndola lúgubre, inspirada en el traslado en góndola de los restos mortales de los venecianos fallecidos. A las dos de la tarde del martes 13 de febrero, mientras el compositor redactaba un ensayo literario, sufrió un infarto mortal. Tres días más tarde, su cadáver salía de la residencia donde se encontraba en un féretro adornado con cabezas de león. El cortejo inició un viaje a través de Italia y Alemania en donde comisiones portadoras de coronas de flores esperaban el paso del tren por todas las estaciones. La noche del 17 de febrero, el tren llegó por fin a Bayreuth en donde la ciudad en masa esperaba el convoy fúnebre. El féretro fue enterrado el día 18 en la fosa dispuesta junto a Wahnfried. Desde entonces, cada año un coro canta ante la tumba al iniciarse el Festival de Bayreuth como homenaje de consuelo y esperanza.

 Richard Wagner es uno de los compositores más influyentes de todos los tiempos. Cambió el rumbo de la ópera y de la música clásica en general, a base de reinventar la ópera como drama musical. Su objetivo fue el de crear una obra unificada que combinase poesía, drama, música, canción e incluso pintura; en definitiva, una “obra total”. Desde El holandés errante, Wagner encontró su propio lenguaje musical, un nuevo estilo de composición en donde el leitmotiv o motivo principal es un tema musical ligado a un personaje, a un símbolo o a un objeto específico que se repite a lo largo de la obra. Wagner experimentó con la modulación y el sistema tonal, descubriendo métodos para desplazarse sin problemas hasta los tonos más remotos con un efecto emocional enorme. Además, descubrió nuevos timbres y combinaciones de sonido instrumental. Sus papeles vocales son largos y complejos, aunque aptos para ser cantados sin mayores problemas. Wagner fue un hombre intolerante, testarudo, convencido de ser un genio y un superdotado que sólo aceptaba a los amigos para su conveniencia. Sus afirmaciones públicas sobre política fueron tan explosivas en su tiempo que el exilio fue una lógica y previsible consecuencia. Pero su empeño, tozudez artística y rigor nos han brindado para la posteridad uno de los mayores legados creativos de la cultura universal. Pese a haber tenido miles de imitadores, absolutamente nadie ha sido capaz de igualarlo. Quien logra profundizar en su música obtiene como recompensa una experiencia arrolladora como ninguna otra.

OBRAS

– 13 Óperas y dramas musicales, destacando El holandés errante, Lohengrin, Tannhäuser, Tristán e Isolda, Los maestros cantores de Nuremberg, el ciclo de El anillo del nibelungo (El oro del rinla valquiriaSigfridoEl ocaso de los dioses) y Parsifal
Idilio de Sigfrido
Wesendonck-Lieder
– 24 Obras tempranas (Una sinfonía, una sonata para piano, 6 oberturas, varias canciones y un oratorio)