Khachaturian

 Venga, no me digáis que no os gusta esta música. ¿Existe algo mejor para despertar del letargo de un domingo? Bueno, la pieza que hoy os dejo en el enlace al vídeo se trata del famoso vals de la Suite Masquerade del compositor armenio Aram Khachaturian. La música, maravillosamente bella, es un vals en tono menor y con fuertes connotaciones pesimistas. No sé si os habréis dado cuenta de que hoy se celebran elecciones al Parlamento Europeo. Escuchad esta música y decidme si no os sentís inquietos… Por desgracia, en el vídeo del enlace no se hace ninguna referencia en torno a los intérpretes. Sin embargo, y dado el sonido orquestal, intuyo que la formación se corresponde con la London Symphony. La versión es de absoluta referencia, con logrados contrastes y matices. La composición de esta pieza data de 1941, cuando Khachaturian escribió la música para la obra escénica Masquerade sobre texto de Mihail Lérmontov, aunque la versión definitiva no vio la luz hasta 1944.

 Andrei Zhdanov, consuegro de Stalin, fue una de las más controvertidas figuras de la llamada “regeneración musical soviética” que tuvo lugar el 10 de febrero de 1948 mediante la publicación del llamado Decreto Zhdanov, un infumable panfleto que pretendía otorgar absoluta prioridad a la llamada “veraz corriente del realismo socialista” frente a los presuntos “valores burgueses y reaccionarios” que al parecer se estaban dando en el proceso creativo de numerosos artistas soviéticos. Inicialmente, el decreto fue una furibunda crítica hacia la ópera La gran amistad del compositor georgiano Vano Muradeli aunque, de manera harto delirante, tuvo sus repercusiones colaterales hacia figuras contrastadas del arte soviético, especialmente de músicos como Shostakovich, Prokofiev o Aram Khachaturian. El asunto llegó mucho más lejos de lo inicialmente esperado y el propio congreso de abril de la Unión de Compositores Soviéticos conminó al “público arrepentimiento” de numerosos artistas, estigmatizados por la figura de un mediocre Zhdanov incapaz de asimilar su poca solvencia no ya como músico, sino como hombre dotado de escasa sensibilidad creativa. Por fortuna, este impresentable falleció en 1948 y sus teorías fueron borradas del mapa ideológico soviético diez años más tarde, en pleno proceso de justa y esperada desestalinización. El resultado posterior fue una explosión creativa del arte soviético, tanto abstracto como figurativo, floreciendo estilos antes mal vistos o perseguidos.

 Aram Khachaturian, pese a nacer en 1903 en Tiflis, siempre se consideró un compositor armenio. En 1929 ingresa en el conservatorio de Moscú y tres años más tarde se une al Sindicato de Compositores. En 1930 se casó con la compositora y compañera de estudios, Nina Makarova. Pero Khachaturian era de naturaleza generosa y optimista. Durante la década del terror estalinista de los años treinta y tras mantenerse en el cargo del sindicato anteriormente mencionado, Khachaturian tuvo la noble y digna virtud de rechazar o criticar a sus colegas compositores, llegando incluso a ser condecorado con la Orden de Lenin en 1939, lo que deja entrever la mano izquierda que siempre tuvo en su relación con la comisaría soviética de asuntos artísticos. Pero en aquella URSS de conflictos y encubiertas envidias nadie estaba a salvo, y el propio Khachaturian, luego de fortalecer su nombre como músico merced a obras como el Concierto para violín o el ballet Gayaneh, fue denunciado por formalista, junto a otros compositores, por el ya referido e infausto Decreto Zhdanov de 1948. Tras la rehabilitación, Khachaturian escribió obras notables, como el ballet Spartacus, y llegó incluso a ser condecorado como Héroe del Trabajo Socialista por las autoridades del Kremlin en 1973. Cinco años después, el 1 de mayo de 1978, falleció en Moscú

 Khachaturian ha sido el primer compositor armenio en alcanzar fama internacional y de hecho el himno nacional armenio lleva su firma. Dotado de un prodigioso sentido melódico, Khachaturian bebió de las fuentes populares armenias a la hora de componer su música, muy caracterizada por los frecuentes ostinati, con acordes de cuarta y quinta que se inspiran en la apertura del saz armenio, y la elevada improvisación de sus desarrollos melódicos a la manera de una inacabable rapsodia. Su aportación al ballet, en la tradición de Rimski-Korsakov y Stravinski, es fundamental para el estudio de la música rusa. En definitiva, un gran compositor que justamente se revaloriza día a día.