* Nacido el 22 de octubre de 1811 en Raiding, Hungría
* Fallecido el 31 de julio de 1886 en Bayreuth, Alemania

 De madre austríaca y padre muy familiarizado con la música — era intendente de la Casa Esterháza y había llegado a conocer personalmente a Haydn — el pequeño Franz dio pronto muestras de un innato talento musical. En 1821, la familia se traslada a Viena y Franz recibe lecciones musicales de parte de los más reputados maestros, entre ellos el célebre pianista Karl Czerny y el compositor Antonio Salieri (Este hombre estaba en todos los fregados musicales). En 1823, con doce años, el joven Franz ofrece su primer recital en Viena y asombra al público por su gran técnica pianística, llegando la resonancia del éxito al propio Beethoven quien, mediante la intermediación de Czerny, decide escuchar al chaval en su residencia de Viena. Beethoven, que de tonto no tenía un pelo, sometió al pequeño Liszt a todo tipo de complicadas pruebas de las que el húngaro salió airoso. Al día siguiente, el 13 de abril de 1823, Beethoven acudió de incógnito y mezclado entre el público a un recital del pequeño Liszt. Todas las fuentes históricas afirman que, finalizado el concierto, Beethoven subió al estrado y besó en la frente al muchacho. Liszt estaba ya bendecido por los dioses.

 Por entonces, la familia Liszt, ante los extraordinarios progresos pianísticos del chico, se trasladó a París para ampliar estudios; pero un envidioso Cherubini, director entonces del Conservatorio parisino, se sintió molesto ante la figura del “niño prodigio” y le negó el ingreso a dicha institución aduciendo motivos reglamentarios. No obstante, Liszt recibió clases privadas de Anton Reicha al tiempo que ofrecía numerosos recitales que incrementaron su fama por todo París. En 1825, Liszt realizó una gira de conciertos por Inglaterra, Suiza y Francia, terminando tan agotado que sufre una aguda crisis personal — quiso ingresar en un convento — motivo por el que su familia decide que descanse una temporada en Boulogne-sur-Mer, receso que fue interrumpido por el súbito fallecimiento de su padre. Liszt se instaló en París con su madre y al poco se enamoró de una jovencita que finalmente hubo de casarse con otro, dejando al compositor desolado (En algunos periódicos parisinos llegó a afirmarse que Liszt había muerto). Tras diversos avatares — en 1830 visitó a Berlioz — y conciertos, en 1832 asiste a un recital de Paganini y se queda tan hipnotizado que decide hacerse un virtuoso diabólico como aquel, pero en este caso del piano. También en esas fechas Liszt conoce a Chopin, con quien entabla una respetuosa amistad. Poco a poco, Liszt va siendo una personalidad musical relevante en los salones parisinos — como genial intérprete — y en uno de ellos a Liszt no se le ocurre otra cosa que liarse con una condesa, Marie d´Agoult, que estaba casada y tenía ya seis hijos; el asunto provocó tal escándalo que la insólita pareja tuvo que refugiarse en Ginebra. Allí, Liszt da sus primeros pasos como compositor con obras como Album de un viajero, los esbozos de sus Armonías poéticas y religiosas y el primer volumen de Años de peregrinación. En diciembre de 1835, Liszt y la condesa son padres de una preciosa niña, Blandine. Mientras, en París ya parecían aceptar la relación entre Liszt y la condesa como algo irreversible. Por la capital francesa pululaba en 1837 Sigismund Thalberg, un concertista de piano que estaba consiguiendo que la gente olvidara a Liszt. El húngaro, tocado en su orgullo y una vez reinstalado de nuevo en París junto con la condesa, decide intervenir en un concierto-desafío que resultó triunfal para los dos pianistas, acabando la sesión como buenos amigos (Dicen que nunca en París se volvió a vivir una jornada similar, en la que ambos pianistas dejaron alucinada a la concurrencia mediante diabólicas exhibiciones de virtuosismo). Durante aquel mismo año de 1837, Liszt conoce algunas obras de un emergente Schumann — compositor al que ayudó y apreció — y en el día de Navidad fue padre de otra niña, Cósima.

 En 1838, Liszt emprendió una gira de conciertos por Italia en la que tocó la integral de las sonatas de Beethoven, algo inédito hasta entonces en este tipo de recitales virtuosísticos. Tanto le gustó Italia que un año más tarde decide instalarse en Roma junto a la condesa por un espacio de diez meses. Allí, la pareja se empapó de arte italiano hasta la médula, aprovechando también el amable clima mediterráneo para concebir a su tercer hijo, Daniel, quien nació casi al finalizar el periplo romano. Tras esta estancia, Liszt ofreció numerosas giras que le llevaron por Praga, Dresde, Leipzig, Hamburgo, Bruselas, Londres y París, ciudad esta última en donde entabló un primer contacto con un tal Wagner. Estas giras se sucedieron en 1841 por Escocia, Inglaterra, Dinamarca y Bélgica, y en 1842 por Rusia. Liszt era toda una celebridad como virtuoso del piano, tanto que en 1842 es nombrado Kapellmeister en Weimar, un importantísimo cargo en el que Liszt desarrollará una intensa actividad musical. Pese al cargo, Liszt no dejó de lado las giras, y su figura era tan famosa y admirada en todas partes que una cohorte de admiradores empezó a asediar al divo. Esto provocó que sus relaciones con la condesa se fuesen enfriando y entrasen definitivamente en crisis cuando el compositor se lió en 1844 con la bailarina Lola Montes, relación que precedió al insólito encuentro de Liszt en París con quien fue su primer amor frustrado, Carolyne Sayn-Wittgenstein, quien pronto se convirtió en su nueva amante. Durante los años de Weimar, la relación artística entre Liszt y Wagner se intensificó gracias a la mutua admiración existente entre ambos músicos y especialmente a que Liszt programó Tannhäuser y Lohengrin en el Teatro de Weimar. Wagner acabó agradeciendo estas atenciones fijando sus ojos en Cósima, la hija de Liszt que estaba casada con el director Hans von Bülow… Los años de Weimar fueron fructíferos para Liszt en su faceta como compositor, viendo la luz obras como la Sonata en si menor, los Estudios de ejecución trascendental, las Consolaciones, la Sinfonía Fausto, la Sinfonía Dante y el Concierto para piano en Mi bemol. En 1856, Liszt visitó la capital de su país natal, Budapest, siendo clamorosamente recibido y presentando en la Catedral de San Esteban su imponente Misa de Gran. Causó cierto asombro el hecho de que Liszt decidiese alojarse en un convento de franciscanos durante su estancia húngara. Sin embargo, tantas y tantas giras y homenajes fueron la causa de las desavenencias surgidas con los rectores y público de Weimar, cristalizadas el 15 de diciembre de 1858, cuando la ópera de un compositor recomendado por Liszt fue despiadadamente abucheada, presentando el pianista húngaro la dimisión como Kapellmeister de Weimar de inmediato. Un hecho luctuoso ocurriría al año siguiente, cuando su hijo Daniel, de veinte años de edad, moría en Viena víctima de una afección pulmonar.

 La década de los años sesenta se abrió con el infructuoso intento de boda entre Liszt y Carolyne Sayn-Wittgenstein, pretensión que fue rechazada por la curia romana y que provocó en el compositor un agudo estado depresivo. Aquello sería el inicio de un auténtico culebrón: En 1861, y tras superar numerosas trabas, las dificultades para la boda parecen definitivamente resueltas, llegándose incluso a fijar la fecha del 22 de octubre para la misma en Roma, justo en el quincuagésimo aniversario del compositor. Pero las intrigas de un ultrajado príncipe Sayn-Wittgenstein en los círculos de la curia romana surtieron una vez más su efecto y así, la noche anterior a la boda, un mensajero del Vaticano acude a la casa de Carolyne anunciando que el Papa deseaba una nueva revisión del caso y que por lo tanto el matrimonio no podía efectuarse. Desesperado, Liszt se instaló en Roma en una residencia distinta a la de su amante para posteriormente trasladarse al claustro de la Virgen del Rosario, en el Monte Mario, donde en 1863 recibe la visita del papa Pío IX, con quien conversa sobre la problemática de la música religiosa… Pero nada acerca del placet matrimonial. De esta época, son las obras pianísticas de Liszt sobre San Francisco de Asís y San Francisco de Paula. Finalmente, en 1864 muere el marido de Carolyne, el príncipe Sayn-Wittgenstein, con lo que ya no había impedimento alguno para celebrar la boda. Pero entonces Liszt, de forma insólita, decide tomar los hábitos, dejando con un palmo de narices a una estupefacta Carolyne. Mucho fue lo que se comentó en Europa sobre aquella extraña decisión: Para algunos, Liszt había vendido su alma al diablo para poder tocar el piano de esa manera tan increíble; de esta forma, intentaba reconciliarse de nuevo con Dios. Para otros, como Rossini, Liszt “compuso misas para ir acostumbrándose a recitarlas…”. En 1865 apareció el compositor por Budapest, con el alzacuellos incorporado, para estrenar su oratorio La leyenda de Santa Isabel y dirigir su Sinfonía Dante. Quizás por los hábitos, los paisanos húngaros siguieron aclamando a Liszt como a un verdadero Dios.

 En 1867, Liszt se entera de que su hija Cósima, casada con Von Bülow, está liada con Wagner. Presto acudió el padre Liszt a pedir explicaciones al germano; pero Wagner, vivo como muy pocos, le calmó tocando al piano algunos fragmentos de Los maestros cantores… (En esa ocasión, fue Wagner quien ejerció como Francisco de Asís). De nuevo en Budapest, Liszt estrena su Misa Húngara de la Coronación en medio de una fuerte polémica (No fue autorizado a dirigir la obra personalmente). Liszt se hallaba entre el público y abandonó la iglesia antes de concluir la obra, en un gesto que consiguió dejar en un segundo plano la solemne entronización del emperador Franz Josef. El 15 de agosto de 1870, Wagner y Cósima se casaron, para enojo de Liszt — quien rompió toda relación con ellos — y mayor humillación de un pobre Von Bülow. Sin embargo, Wagner (Que de tonto no tenía un pelo) escribió dos años después a su enfadado suegro informándole de la inminente inauguración del Teatro de Bayreuth (Wagner sabía cómo tocar la fibra más sensible de Liszt). El húngaro se reconcilió con el compositor alemán cuando éste le enseñó los primeros esbozos de Parsifal. El 13 de agosto de 1876, fecha de la inauguración de Bayreuth con la puesta en escena de El oro del Rin, Wagner levantó la copa durante el banquete celebrado en su honor y recitó un memorable discurso de alabanza a Liszt (¡No era listo Wagner ni nada!)

 En 1878, Liszt acudió a París a una representación de la Misa de Gran (Abucheada años antes) que fue clamorosamente recibida. Después, se instaló en Roma, ciudad de la que apenas se movió. Desde todos los puntos de Europa acudían músicos y otros artistas en peregrinación para buscar consejos y recomendaciones de un Liszt que ya estaba por encima del bien y del mal. Jamás negó consejo alguno a nadie y todos los músicos fueron beneficiados, entre ellos un catalán llamado Albéniz a quien Liszt preguntó por España, por su familia y por sus creencias religiosas. Con 70 años ya cumplidos, se empezaron a dar los primeros síntomas de la hidropesía que causó estragos en el físico del compositor, quien se vio obligado a recibir atención médica. De estos últimos años son una serie de obras que parecieron preparar su adiós a la vida: De la cuna a la tumba, Nubes grises y Czardas macabras. En 1883 falleció Wagner en Venecia y Liszt organizó un monumental concierto de homenaje a su figura en Weimar. Durante 1884 y 1885, Liszt resucitó su vena viajera y visitó Alemania, Hungría, Austria, Italia, Holanda y Francia. Su fama traspasaba fronteras y su figura era ya del todo legendaria. Ya en 1886 asistió en Bayreuth a la boda de su nieta Daniele (Hija de Cósima y Von Bülow) y quiso asistir a una representación de Tristán e Isolda, desoyendo los consejos médicos. Unas complicaciones pulmonares agravaron su enfermedad y allí mismo murió la noche del 31 de julio de 1886. Sus únicas pertenencias a la hora de morir fueron una sotana, algunas camisas y siete pañuelos… Y el cariño y admiración de toda Europa hacia el que, posiblemente, fue el primer músico de fama auténticamente universal. Con su muerte, se cerró una de las épocas más brillantes de la historia de la música.

 Liszt, primer compositor que alcanzó fama tanto por su arte escénico como por su música, fue la figura central del Romanticismo. Revolucionó Europa con su diabólico talento al piano y paulatinamente fue siendo reconocido como compositor. Como virtuoso del piano, exhibió una técnica llevada al límite de la dificultad e incorporó dicho virtuosismo al elemento dramático (Sus puestas en escena estaban muy bien estudiadas para captar la atención del público). Intentó maneras de transformar el piano en un sustituto de la orquesta y su lenguaje armónico influyó decisivamente en Wagner y Ravel. Los experimentos compositivos de Liszt en sus últimos años, con sus inestables armonías y poco densas texturas, presagian la música del siglo XX. Liszt fue un compositor tan famoso tanto por su vida como por su música, pero ello no fue óbice para que trabajara infatigablemente en la promoción de la obra de sus colegas y en la enseñanza a pianistas y compositores de las nuevas generaciones. Junto con Beethoven y Wagner, fue el compositor que más hizo progresar el arte musical del siglo XIX. Posiblemente, no haya habido un pianista tan arrebatador en la historia de la música como el Liszt de los grandiosos recitales.

OBRAS

Sonata en si menor para piano
Rapsodias húngaras
Estudios de ejecución trascendente (De lo más difícil jamás compuesto para piano)
4 libros de Años de peregrinaje
Consolaciones
Valses de Mephisto
Transcripciones pianísticas de obras de muchos compositores
Obras para órgano
– 2 Sinfonías, Fausto y Dante
– 12 Poemas sinfónicos, destacando Mazeppa
– 2 Conciertos para piano
– 2 Misas
Oratorio
– 55 Canciones