Fotografía de TETRAKTYS

 Una de las mayores revoluciones en la historia del arte se dio en Florencia en torno al año 1400: La escultura, a diferencia de la pintura renacentista, nació de una manera brusca y no como consecuencia de un largo proceso. La escultura fue la primera de las artes que despertó el Renacimiento y ello le conferirá el marcado carácter plástico de este período artístico. Los escultores florentinos encontraron en los diversos géneros romanos sus modelos, a través de los cuales plasmarán la vida de Florencia. Lo suyo no va a ser una copia literal de la antigüedad, sino una superación de la misma hasta niveles inverosímiles. La innovación formal florentina reside en un nuevo orden que simboliza el nuevo antropocentrismo que desplaza la vieja teoría medieval. Lorenzo Ghiberti fue el primer gran escultor del siglo XV. Luego de concluir las segundas puertas del Baptisterio florentino en 1424 mediante un concurso en el que retomaba un primer trabajo nada desdeñable de Andrea Pisano, Ghiberti era ya toda una celebridad en Florencia hasta el punto en que, sin concurso previo, se le encargaron las terceras puertas de dicha edificación permitiéndosele hasta cambiar el número de los asuntos que se habían propuesto conforme al programa que había trazado el erudito Leonardo Bruni. Estas terceras puertas, conocidas como la Puerta del Paraíso, fueron la mayor obra maestra jamás realizada por Ghiberti, un escultor a menudo denominado como “maestro de una sola obra”.

Escena de Salomón y la reina de Saba: Fotografía de RICHARDFABI

 Ghiberti acumuló varios relatos del Antiguo Testamento en diez compartimientos suficientemente grandes para poder desarrollar los fondos en perspectiva, los paisajes y pintorescas representaciones con muchas figuras que sólo se anunciaban en sus puertas anteriores. La maestría de Ghiberti llega al punto de que, atendiendo a las leyes de la óptica, las figuras a lo lejos parecen de bulto entero y no de mediorelieve. La maravilla de un increíble efecto plástico, superando hasta los mismos resultados de los pintorescos relieves helenísticos, en lugar de ser una traba para el artista es un motivo de invención y nuevos efectos para todas las escenas reunidas. Quizás lo más sorprendente de estas diez composiciones sean los fondos con palpitantes definiciones de espacio y de ambiente. Incluso utilizando el punto de fuga de la teoría de Brunelleschi, no todo se resuelve con una fría geometrización de espacio, sino que adapta los efectos de atmósfera con una sutileza pasmosa que viene determinada por formas difuminadas. Al contemplar de cerca los grupos de personajes de estas puertas comprendemos el genio de Ghiberti que, con esas pequeñas figuras tan bien situadas en una atmósfera impalpable que parecen respirar, inaugura una nueva comprensión poética del hombre y de la vida: La del Renacimiento. Ghiberti concluyó esta obra en 1452, luego de estar nada menos que 25 años enfrascado en la ejecución de estos diez relieves que se vieron enriquecidos con una orla de adornos vegetales, de cabezas de profeta y de una decoración a base de hojas, flores, frutos y pequeños animales como nunca anteriormente había producido la escultura. No es de extrañar que Vasari, en su relato historiográfico del arte, señalase que estas puertas constituían “la más bella obra que se haya visto nunca entre los antiguos y modernos”. Estas puertas, con sus marcos, fueron colocadas donde habían estado antes las de Andrea Pisano, esto es, en la fachada delantera de la catedral. La leyenda dice que fue el propio Miguel Ángel quien las definió para la posteridad como “Puertas del Paraíso”: –“… Elle son tanto belle che elle stareben bene alle porte del Paradiso”–  Desde 1990 las puertas que se encuentran en el baptisterio son reproducciones en bronce y las originales se encuentran preservadas en contenedores de nitrógeno en el Museo dell´Opera del Duomo.

Mañana martes, festividad local de la Almudena, nos tomamos un descanso. Volvemos el miércoles