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 Celia y el autor. La Carihuela, Torremolinos, Málaga. Julio de 1996

 Nadie daba un céntimo por nosotros y mira todo lo que ya ha llovido. Nuestras almas se encontraron en una madrugada de melancólicas esperas, cuando las páginas más inciertas de nuestro imaginario libro existencial se resistían a sellar un capítulo de intempestivas resonancias. Supiste caminar con la templanza que requieren los exilios imposibles, con la manifiesta intención de no hurgar en las viejas heridas que vuelven a supurar cuando uno menos se lo espera. Nos lanzamos a la aventura de una pasión sin complejos y ahí seguimos, le pese a quién le pese. Has sabido mantener tu apuesta por mí en todo momento, tanto en las felices situaciones que pintan de aguamarina nuestras vivencias como en los sórdidos instantes que amenazan con quebrar los fundamentos de nuestro amor. Te vistes de luna y plata para rememorar la leyenda de tu estirpe hebrea y yo, mientras, sigo presumiendo con la flor más bella que brotó en el jardín verde de mi atardecer. Es por lo que, gracias a ti, sigo siendo la persona más envidiada de todo el barrio y no me duelen prendas por ello. 

Siempre me has animado a emprender lo que verdaderamente me satisface y, felizmente, nuestros gustos coinciden en muchas ocasiones. Nunca me he sentido ligado por celosas ataduras que intentan ocultar las carencias del desenfreno. Contigo siempre he respirado los limpios aires de la más personalísima libertad. Y si alguna de mis coyunturas no ha sido de tu especial agrado, has dejado, con loable sabiduría, que sea yo mismo quién acabe descubriendo los callejones sin salida. Te agradezco la sinceridad de tus expresiones, sin excesos ni defectos recurrentes que adulteran lo más intrínseco del mismo concepto. Quizás, lo más importante de todos estos años que me has regalado es que he aprendido a comprender mejor las variables que definen el comportamiento humano. Has sabido retirar la leña a tiempo si el fuego del frenesí se avivaba descontrolado y, por el contrario, has iluminado con tu abierta sonrisa el vacío inducido por los inevitables sinsabores de la vida.

Hoy, 13 de junio de 2008, fecha de tu cumpleaños, quiero desearte todo aquello que quisiera desear para mí. Hemos vivido muchas experiencias juntos desde aquella madrugada de julio de 1996… Y todavía nos quedan muchas más. Ya verás como todo aquello que ahora te está preocupando se soluciona. El destino siempre nos tiene reservada la mejor carta de la baraja para los momentos más difíciles. Y si no me crees, acuérdate de nosotros hace unos años… Todo lleva su tiempo, es una simple cuestión de fe.

FELICIDADES. TE QUIERO