taller para ancianos

La esperanza de vida es uno de los indicadores que distingue a las economías desarrolladas de las que no lo son. Ello es consecuencia de que en paralelo al desarrollo económico los ciudadanos acceden a los avances tecnológicos y fundamentalmente a los de la ciencia en términos de medicamentos, terapias y tratamientos que hacen que la maquinaria llamada cuerpo humano no se desgaste prematuramente y prolongue su vida útil .

Paralelamente cada vez más conocemos casos de allegados nuestros que en lo que hace no más de 100 años calificábamos como el ocaso de nuestras vidas (50 a 60 años) deciden dar un vuelco a la misma emprendiendo algo diferente de lo que venían desarrollando hasta ese momento. Y no me refiero solamente a actividades económicas sino también a físicas, intelectuales e inclusive a estilo de vida.

Cabe preguntarse qué factores inciden en ese planteamiento de cambio pues en muchos de los casos no responden a fracasos, disconformismo o modas, pero dado que estamos hablando del comportamiento humano no existe un patrón que pueda explicar todos los casos.

Lo de la edad es anecdótico pues el concepto de juventud nunca estuvo atado a la edad cronológica, sino por el contrario, a la llamada edad mental (no lo digo yo , sino estudiosos del tema). El fenómeno no distingue sexos pero el momentum diferenciaría a mujeres de hombres siendo en las primeras más tardío que en los segundos. No estamos hablando de aggiornarse o querer aparentar lo que no se es, sino de un verdadero barajar y dar de nuevo en el curso de nuestras vidas. Algunos sociólogos lo atribuyen – no sin razón – a la presión de las sociedades en que vivimos que nos condiciona permanentemente sin permitirnos ser lo que queremos. Se podrá decir que es una práctica solamente de aquellos que pueden (económicamente tienen su vida resuelta) pero ello no es cierto, lo real es que es fruto de una fuerza interior que los empuja a cambiar el rumbo.

Vemos en los programas de viajeros personas de toda condición social que o bien dejan todo e inician una nueva vida o sin cambiar de profesión se trasladan a lugares inhóspitos, con pocos recursos y comodidades a vivir una vida distinta, pero más afín a lo que soñaron y deseaban. Pero cualesquiera que sea la motivación o el detonante, existe un denominador común en todos ellos: buscar ese algo faltante para que cuando le llegue la hora del balance final no visualice que algo se le ha escapado y su vida quede incompleta Es lo que comúnmente se llama cambiar el chip.

Algunos expertos manifiestan que ese cambio es el fruto de una crisis interior; otros sencillamente hablan de cambios en las perspectivas de futuro. Pero en cualquier caso, se convierte en el cruce de una frontera importante y determinante para el resto de su vida pues impactará en su vida personal, familiar o profesional. Si el cambio se origina en una crisis se valorará como la última chance, en el caso de visionar el futuro como un desafío. Cualesquiera sea el desencadenante es imprescindible tener el coraje de enfrentarse a lo desconocido

Parafraseando a Jorge Bucay, el sentido de la vida está en disfrutar del camino, aunque este sembrado de escollos y no tanto en llegar a la meta.

Un saludo a todos

THENIGER