Esto, señoras y señores, es una PUTA VERGÜENZA. Todos, negros, blancos, altos, ricos, pobres, rubios, bajitos, de derechas, de izquierdas, tontos, listos, buenos, malos… SOMOS SERES HUMANOS. La dignidad humana está muy por encima de cualquier planteamiento ideológico que nos pueda parecer más amable o ameno. Todo ser humano, por el simple hecho de nacer, tiene derecho a vivir con dignidad. Muchas personas, como estos pobres desdichados que nos muestra la ilustración, intentan escapar de esa terrible miseria social que les rodea y deciden jugarse la vida para lograr la mínima condición ética que se les niega en sus países de origen. La mayor desconsideración humana es tratar de ponerse vendas ante esta situación, promoviendo políticas de rechazo ante un fenómeno que, lejos de aminorarse, continuará siendo irremediable e imparable. No podemos seguir poniendo diques al mar, no podemos seguir obviando desde nuestra privilegiada situación social estas escenas que han de llamarnos a una más que profunda reflexión. Llamamos “crisis” a una situación económica que nos está privando de muchos de nuestros superfluos lujos cuando hay personas que se dejan la vida un día sí y otro también en busca de un porvenir mejor que el que esta estúpida sociedad global les ha concedido. No podemos seguir cerrando los ojos tan cínica e hipócritamente ante el terrible drama que viven unos seres humanos que tienen los mismos derechos que nosotros, los privilegiados pobladores de este “primer mundo”. Europa, y por extensión los llamados valores occidentales, no pueden sentirse orgullosos de su status social mientras existan personas que mueren de la forma más humillante posible por intentar conseguir el pan y la sal. Y mientras que a esas mismas personas se las tenga que ir sacando con palas y mascarillas en su intento de llamar a nuestras puertas me avergonzaré de formar parte de esta especie humana a la que pertenezco.

 Yo no soy político y, por consiguiente, no tengo una solución mágica para este verdadero problema de dimensiones mucho más naturales y próximas de lo que la gente puede llegar a creerse. Pero, en mi calidad de humilde ciudadano que paga sus impuestos y cree en los valores que sustentan la Democracia y el Estado de Derecho, pido a mis representantes políticos, con independencia de que suscriban o no mi posicionamiento ideológico, que pongan todo lo que hay que poner encima de la mesa para tratar de arreglar esta puta vergüenza. Me asquea el hecho de haber nacido en una época histórica que se vanagloria de los éxitos y avances sociales conseguidos mientras una tercera parte de la humanidad pasa hambre en su más literal expresión. Pido también a todos los agentes religiosos que tienen una especial influencia a la hora de conformar estados de opinión que se dejen de gilipolleces litúrgicas y que hagan valer las máximas de aquellos profetas y pensadores bajo los que se basa su corpus ideológico. Que traten de arrimarse a quién más lo necesita porque, como ya es sabido, las riquezas terrenales son incompatibles con la idea de un eterno paraíso. Así lo dijo un maestro de Galilea al que crucificaron por ser políticamente incorrecto. Menos incordiar con vaguedades teológicas y más estar de lado de quién más lo requiere, que en resumidas cuentas, de eso trata el mensaje de los principales fundadores de las religiones mundiales. Lo demás es rebozarse en la mierda, la misma mierda que algún iluminado nos intenta vender a la hora de exaltar no sé qué virtudes. Que se metan su Biblia, su Corán y su Torah por donde más les quepa. Ayuden al prójimo y dejen de ser tan manifiestamente inútiles y manipuladores. Ni Cristo, ni Muhammad, ni Moisés estarían en sus respectivos lugares de culto: Estarían en esa patera fantasma intentando dar ánimos a unos seres que tuvieron la mala fortuna de nacer en un mundo de corruptos y miserables para los que la vida consiste única y exclusivamente en hacer el mayor acopio de riqueza material posible. Si de veras existe el infierno, que se vayan preparando.